Juego peligroso

1088 Palabras
Rachel apretó los labios y bajó la mirada. Sabía que no debía presionar a Liam, pero la mención de "Victoria" la había dejado inquieta. ¿Quién era esa mujer? No podía ser una nueva amante, porque Liam no habria actuado así. Entonces, de quién se trataba. Decidió no insistir y, tras un breve silencio, bastante incómodo, se marchó del penthouse, dejando a Liam solo con sus pensamientos. Liam dejó escapar un largo suspiro y se sentó detrás de su escritorio. Rachel no significaba nada para él, era solo una distracción ocasional. Pero el hecho de que hubiera dicho el nombre de Victoria en ese contexto lo inquietaba. Ella se estaba infiltrando en su mente de una manera que nadie más había logrado. Esa sensación en su pecho cuando pensaba en ella lo hacía sentirse extraño, vulnerable, y eso no terminaba de gustarle. Miró la vista de la ciudad iluminada desde su ventana, pero su mente estaba lejos de los rascacielos y las luces. — Victoria… hermosa y fascinante, peligrosa y atrayente. ¿Quién eres realmente? La pregunta de Liam tenía varias connotaciones, esa hermosa mujer lo confundía y lo sorprendía, algo que muy pocas personas habían logrado en su vida, y una mujer, nunca lo había logrado. Todo en ella lo atraía y lo desafiaba al mismo tiempo. Sabía que había algo que ella no estaba diciendo, algo que ocultaba detrás de su sonrisa enigmática y sus palabras perfectamente calculadas. Y eso, era precisamente lo que más lo hacía desear conocer a Victoria, tenerla cerca, como se tiene a un enemigo peligroso. Mientras Liam se perdía en sus pensamientos sin lograr concentrarse en su trabajo, Victoria revisaba documentos en su laptop. La reunión con Liam había sido todo lo que esperaba: desafiante, intensa y reveladora. Pero también había sido más peligroso de lo que planeaba. Cada vez que estaban juntos, la atracción que sentía hacia él amenazaba con hacerla olvidar el propósito real de su acercamiento. — Ese tipo es tan… — Tan… No, no puede pensar en él de esa manera, Liam Cárter es mi enemigo, no un tipo tan guapo que le diría que sí a todo lo que pidiera.. — ¿Qué estás diciendo Victoria? ¡Concéntrate! No puedes perder de vista tu objetivo. Se dijo, cerrando los ojos y respirando profundamente. El plan era claro: destruir a Liam Carter y a su imperio, vengar a su padre y limpiar su nombre. No podía permitirse el lujo de flaquear, especialmente no ahora que estaba tan cerca. De repente, su teléfono sonó. Al ver el nombre de su prima, Sophie, en la pantalla, una pequeña sonrisa se dibujó en su rostro. —Hola, Soph. ¿Cómo estás? —preguntó Victoria con un tono más cálido. —Hola, Vicky. Estoy bien. Solo quería saber cómo va todo en la ciudad. Mamá está preocupada por ti, ya sabes cómo es ella—respondió Sophie, con un toque de preocupación en su voz. Victoria suspiró. Su familia no sabía nada de su plan, y prefería que siguiera siendo así. Era mejor que pensaran que estaba reconstruyendo la empresa de su padre de manera legítima. —Todo va bien, Soph. Estoy haciendo progresos, pero tú sabes que estas cosas toman tiempo. —Solo... cuídate, ¿sí? —dijo Sophie después de una breve pausa—. No quiero que termines lastimada… — Según dijo mamá, el dueño del banco es un tipo rudo, despiadado… ¡Ten cuidado Vicky! Lo que intentas puede ser algo imposible. Victoria sintió un nudo en la garganta, pero lo ocultó tras una sonrisa, su prima no sabía nada su plan, pero sus palabras sin saber, parecían leer sus intenciones. —No te preocupes por mí. Sé lo que estoy haciendo, puede que sea un camino largo y difícil, pero ya me conoces Soph. Después de despedirse, Victoria dejó el teléfono sobre la mesa y se recostó en el sofá. Las palabras de su prima resonaron en su mente. "No quiero que termines lastimada." ¿Pero quién estaba realmente en peligro aquí? ¿Liam? ¿Ella misma? Incorporándose dijo: El único que está en peligro aquí… Eres tú Liam Cárter. Esa noche Liam no pudo dormir tranquilo. De regreso en su oficina, Liam no podía concentrarse en el trabajo. Las palabras de Rachel seguían resonando en su cabeza. ¿Por qué Victoria era tan importante para él? Era una pregunta que no tenía respuesta, y eso lo frustraba. Decidió hacer algo que nunca hacía: investigar a Victoria Ainsley. Quería respuestas. Abrió su laptop y comenzó a buscar información sobre ella. Su historial académico era impecable, sus logros impresionantes. No había nada en ella que indicara qué era una chica de peligro, lo que se decía de ella en la Internet eran cosas buenas y halagos. — Nadie es tan bueno, ¿qué ocultas Victoria? Liam se quedó mirando la pantalla. Su precioso rostro, su fotografía, su sonrisa, lo hipnotizaba. Pero estaba seguro de que las personas siempre tenían intenciones ocultas, y él estaba decidido a descubrir qué pretendía Victoria Ainsley. Ocupándose en sus negocios decidió dejar de lado los inquietantes pensamientos que rodeaban a Victoria. Mientras tanto, Victoria también sentía que debía controlar la situación, no podía arriesgarse a que Liam descubriera sus verdaderas intenciones. Pero por alguna razón en su interior la idea de lastimarlo de verdad empezaba a incomodarla. Ella no era una mujer fría y sin sentimientos, pero el dolor por la muerte de su padre y lo que había sufrido por culpa de la crueldad de Liam, le hacía desear que él sufriera más de lo que había sufrido su padre antes de morir. En los días siguientes, sus interacciones se volvieron más frecuentes, cada encuentro cargado de tensión y emociones ocultas. Victoria sabía que estaba jugando con fuego, en cada reunión de negocios, ella dejaba una espina de seducción en la mente de Liam, un movimiento calculado, era algo peligroso pero no podía detenerse ahora. Liam, por su parte, no podía apartarse de ella. Era un hombre acostumbrado a controlar cada aspecto de su vida, pero Victoria representaba el caos que no lograba dominar. Y aunque intuía que había oculto en ella, seguía adelante, no podía detenerse, en cada encuentro ella dejaba un aroma a seducción qué lo llevaba a desear verla otra vez. Ambos estaban atrapados en un juego peligroso, donde la línea entre la venganza y el deseo se volvía cada vez más borrosa. Lo que ninguno de los dos sabía era que, en ese juego, no habría ganadores.
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