ANNA KALTHOFF Cuando las puertas del ascensor se abren, salgo y volteo a ver a los lados, buscando a Sara. Pero, ¡oh, sorpresa! Al igual que en el vestíbulo de Dirección General, es otra chica la que atiende. Me acerco a ella, quién me observa con evidente confusión. —¿Buscas a alguien? —me pregunta. —Eh, sí —le respondo—. Busco a Sara. —¿La licenciada Sara Smith? —inquiere, alzando una ceja. Frunzo el entrecejo, confundida. —Pues no sé si hablamos de la misma Sara —le digo—. Alta, blanca, cabello cobrizo… —Sí, la licenciada Smith —me repite, hablándome de forma condescendiente. Hago un esfuerzo para no abrir la boca por la impresión. «Vaya, vaya —pienso—. Con que ellas también nos tienen algunas sorpresas» —Y, ¿Ángela Johns? —pregunto. Chasqueo la lengua y, mentalmente,

