ALEXANDER THOMPSON —Hola —responden, con voz angelical, al otro lado del teléfono. El corazón me da un vuelco y la garganta se me hace un nudo. No puedo gesticular palabra alguna. Escuchar por primera vez su vocecita, es maravilloso. Es algo que simplemente no puedo explicar. Una lágrima se resbala por mi mejilla y tengo que llevarme la mano al rostro, para contener las ganas de llorar. —Hola —vuelve a repetir, molesta—. ¿Santa eres tú? Porque mi mami me dijo que si me portaba bien, me ibas a traer un poni y yo me he portado bien, Santa. Me río al escuchar aquello. Habla tan claramente, es tan despierta, tierna y vivaz. No puedo creer que yo contribuí para crear a ese ser tan maravilloso. —Co… ¿Cómo te llamas, princesa? —le pregunto, titubeante. —Soy Mia, Santa —respo

