Capaz de cambiarlo todo

860 Palabras
"Siempre habrá esperanzas mientras el amor exista." °~~~~~° Hay cosas que duelen, que te parten el alma y que te hacen polvo... Y hay veces que nosotros no podemos más. Y nos rendimos. Pasé toda mi vida pensando que mi padre me había abandonado. Que había olvidado que tenía una pequeña niña, una esposa y una vida junto a ellas. Pero viví engañada. Y no, no culpo a mi madre, ella lo hizo por mi bien. De haberlo hecho desde un principio, siempre me habría culpado y nunca me hubiera dado la oportunidad de vivir mi vida, dejando atrás el pasado. Habían pasado seis días desde que me habían dado la noticia. Había llorado más de lo que había llorado en toda mi vida por algo que pasó hace una "eternidad", pero que a mí me dolía como si fuera de ayer. Me digné a sentarme en la cama y mirarme al espejo. Un par de ojos tristes y vacíos me devolvieron la mirada. ¿Cuándo las cosas habían empeorado tanto? ¿Cuándo empezó a tratarse de mi pasado y no de lo que podía hacer para "remediar" las cosas? Solté un bostezo de esos que te sacan lágrimas y me tiré de espaldas a la cama con desgano, pero esta vez sin arroparme de pies a cabeza. Pensé en algo muy extraño mientras me intentaba desenredar el pelo con los dedos. ¿Ella me habría culpado? ¿Me habría echado la culpa por la muerte de mi padre? Ese pensamiento me hizo trizas. Seguro que si. Involuntariamente lágrimas calientes volvieron a bajar por mis mejillas casi al instante de haber pensado eso. El sonido de la puerta abriéndose llamó mi atención, y al mirar, pude encontrar a Ayden que estaba parado en el marco de esta, con una bandeja en la mano. —Quiero estar sola, vete. -Insertar vete de bad bunny. Bueno, okey no- —Tienes que comer algo —fue lo único que dijo antes de hacer caso omiso a mi pedido y adentrarse en mi habitación a paso lento. Depositó la bandeja sobre mi mesita de noche y se sentó a mi lado, pero no dijo ni una palabra. Los pancakes, el jugo de naranja y los cereales me hicieron rugir el estómago con solo verlos. Creo que tengo algo de hambre. "¿Ah sí? ¿Tú crees?" Ayden me pasó la mano por el cabello varias veces, quitándome unos pequeños nudos en el proceso. —Deja de torturarte con eso. No fue tu culpa. Escondí mi cara entre mis manos, y suspiré con pesar. Quizás Ayden tenía razón, y no era mi culpa... Pero, por otro lado, si yo no... Sentí como me destapaban la cara al haberme tomado por las muñecas con firmeza, pero sin llegar a hacerme daño. No me quedó de otra que mirarlo a la cara, pero me sorprendí cuando noté que estaba pálido... Muy pálido. Tenía ojeras y los ojos hundidos, como si no hubiera dormido en días. —Necesitas comer —empezó a decir Ayden antes de tener oportunidad de preguntarle el porqué de su palidez—. Vamos siéntate. —No quiero —dije haciendo un puchero—. No tengo hambre. "¡Mentirosa! Eres una grandísima menti..." Callé a mi subconsciente antes de que me arrepintiera de decirle esa mentira a Ayden. Él me soltó las muñecas, de repente estaba serio. Mantenía la barbilla apretada, pero aun así me trató con delicadeza. Se acercó a mí de nuevo, pero esta vez solo me sentó. Cabe destacar que no quiero estar sentada, así que ahora luzco como El Jorobado de Notre Dame. Siempre bella, nunca inbella. —Debes comer, estás muy delgada. Además, desde que Gris te lo dijo no has comido bien —los ojos de Ayden se suavizaron al verme bajar la mirada—. No fue tu culpa, conejita, no te hagas esto. Se puso a mi altura, arrodillándose frente a la cama y me alzó la cabeza tomándome por el mentón. —No voy a dejar que te destruyas Ginebra, ¿Me oyes? No voy a dejar que acabes contigo misma. Intenté sacar mi cabeza de su agarre, pero me detuvo. —No voy a dejar que te hundas, Ginebra. Me gustas y no quiero verte mal. "¿Que?" —¿Qué? "¿¡Que!?" —¿¡Que!? Me atraganté con mi propia saliva y empecé a toser descontroladamente. No podía ser cierto, pero si él... Ayden me regaló una media sonrisa, que intentaba tapar su tristeza. —No veo la necesidad de gritar, Ginebra —dijo mientras me pasaba la mano por mi espalda, esperando que se me pasara el ataque de tos. ¿Acaso se está burlando de mí? "No es por enchinchar, pero yo creo que si." —¿Ya estas mejor? —preguntó después de un rato. Asentí levemente, pero como anteriormente, mi mirada estaba hacia abajo. —Oye —Ayden alzó mi cara nuevamente—. No estoy esperando que me correspondas ni nada, solo quería que... —Tutambienmegustasmuchoayden —solté un montón de palabras juntas antes de que me arrepintiera.
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