Capítulo 02

1732 Palabras
Las despedidas nunca fueron mi fuerte; después de todo, ¿a quién le gusta decir adiós o hasta luego cuando uno quiere quedarse? Preferí no llevar a mamá y a Helena al aeropuerto; era una pista clandestina también, así que cuanto menos las involucraran, mejor. El pequeño avión acomodaba cómodamente a 24 personas; cinco jóvenes mujeres venían con nosotras. Por lo poco que conversamos, también estaban en busca de lo mismo que yo, una vida mejor. Nuestro destino era Nueva York. Después de 10 horas de viaje, aterrizar en ese suelo parecía un sueño. Mi corazón estaba apretado por estar tan lejos de quienes amo, pero al mismo tiempo, la nostalgia que ya golpeaba mi pecho me animaba a dar lo mejor de mí. No pude evitar las lágrimas que insistían en caer, tanta era la felicidad y la angustia de estar tan lejos de casa. Era necesario; era una llave girando en mi vida, abriendo una nueva puerta para nosotros, dándonos destellos de mayor dignidad. Era increíble cómo no estaba preocupada por en qué área trabajaría, ya que en todos los trabajos se valoraba tanto a los trabajadores. Solo en Brasil la clase trabajadora es tratada con tanto desprecio, comenzando con salarios que apenas podrían cubrir una comida de ocio los fines de semana. Contenía las emociones cuando Claudia indicó que debíamos salir. Aunque era la primera vez que viajaba en avión, no sentí tanto miedo como imaginé. Creo que la emoción del momento junto con la expectativa hicieron que el miedo fuera diminuto dentro de mi pecho. Este coche las llevará al alojamiento. Lohana, mi gerente, las estará esperando para recibirlas. Cualquier problema pueden recurrir a mí. Les pido que entreguen sus teléfonos para que podamos sustituir sus chips por uno nacional. - Después de entregar nuestros teléfonos, nos dirigimos al alojamiento. Nueva vida - celebró Julia a mi lado, con sus bellos 21 años y muchos sueños por realizar. Se aventuró clandestinamente después de haber visto rechazado su visado por tercera vez. Su entusiasmo hizo que esbozara una pequeña sonrisa, olvidando un poco la nostalgia que ya me consumía. Al llegar al lugar, sentí cómo todo mi cuerpo se erizaba, como una nube de autoprotección. Mi subconsciente me miraba y gritaba "huye". Una corriente de miedo inexplicable recorrió mi cuerpo. Tragando en seco, aparté ese pensamiento. Nada podría detenerme, ya estaba hecho. Repetía como un mantra que la cosa más cruel que podría suceder era una deportación, pero no arriesgaría, iría del alojamiento al trabajo y solo, sin peligro. El conductor nos acompañó y no pude evitar notar su fisionomía. Su cuerpo parecía un muro de 1.80, era alto e intimidante. Temblé. Dejé esos pensamientos de lado y, acompañada por las chicas, entramos en una puerta de hierro, algo aterradora también. ¡Alto! alertó mi mente. Dios, tenía miedo, mis instintos parecían inhalar el peligro no visible. Mentalicé que eso pasa cuando hacemos cosas incorrectas. Era el miedo a ser descubierta que me atormentaba. Era la primera vez que estaba desobedeciendo una ley tan grave; la culpa me aplastaba, pero era por una buena causa. Nos dirigieron a una habitación. Las otras cinco chicas que viajaron conmigo ahora tenían una expresión temerosa, tal vez con el mismo pensamiento que yo. En la habitación había cuatro literas y dos armarios, todo muy gris o n***o. No esperaba lujo; había una puerta que supuse era el baño. Estaba bien, era trabajo y casa, no diversión. No salgan de la habitación hasta nueva orden. - La voz del hombre, con cara de pocos amigos, sonó como una advertencia, pero no me desanimé. Esperaría. Como éramos cinco, supuse que alguien iría a otra habitación; solo había cuatro camas. Era una cuenta lógica. ¿Alguien más tiene miedo, o soy solo yo? - No tuve tiempo de memorizar los nombres de las chicas, además de Julia, ya que tuvimos una buena conversación durante el viaje, así que lamentablemente no sabía quién había hecho tal comentario. Creo que el miedo de estar haciendo algo ilegal grita alto, pero no debemos preocuparnos. Estamos aquí para trabajar, ¿verdad? No es como si estuviéramos vagando por ahí - comentó sonriendo otra chica de cabello rubio, tratando de confortar la angustia de todas. Pasaron unos 30 minutos; ya estaba roiendo mis uñas esperando que alguien apareciera y nos entregara nuestros teléfonos. Necesitaba hablar con mamá, decirle que llegué bien. Estaba a punto de salir de la habitación cuando alguien entró: una mujer alta, rubia y, por decirlo de alguna manera, hermosa. Sus ojos azules con arrogancia, su cabello cortado a los hombros, demostraban lo mucho que su postura decía "humildad cero". A veces odiaba mi habilidad para observar las cualidades y personalidades de las personas solo con una primera impresión. No es que fuera vidente, pero siempre acertaba en lo que mi mente dibujaba sobre alguien a través de una simple evaluación visual. - Mi nombre es Lohana, y espero tener que hablar solo una vez. Vaya, la arrogancia debe ser tu apellido, cálmate Perla - Trabajarán en nuestro club nocturno, las que tengan la suerte de bailar pueden arriesgarse a ser una de las bailarinas, las demás estarán encantadas de acostarse con los hombres, pero les aclaro que todas se prostituirán, no hay trabajos en cafeterías, ni en ningún otro tugurio, esto no es un alojamiento, han trabajado, enviaremos una suma a sus familias, las chicas buenas pueden hacer 3 llamadas al mes, el resto del dinero cubrirá sus gastos de manutención, comida y ropa, no hay propinas, mucho menos salidas, si intentan huir morirán, ¿alguna pregunta? -En ese momento sólo recordaba telenovelas que tuvieran este argumento y mi única reacción fue reírme, pero reírme mucho, tenía que ser una broma. Después de un largo ataque de risa, la rubia me miró como si fuera un E.T. Le pregunté que qué demonios pasaba, yo no había venido al extranjero a prostituirme y mucho menos a coger dinero. prostituirme, y mucho menos a llevar dinero a proxenetas. - Lo siento queridas, no es una opción, os han engañado, habéis dejado que vuestra avaricia hable más alto, ese es uno de los precios que se pagan cuando te adentras en lo desconocido -. La zorra nos escupió las palabras como diciendo que buscábamos eso, pero la verdad era que sólo queríamos una vida decente, con un sueldo digno, y no vender mi cuerpo por migajas. - ¡Quiero que me deporten ya! - No quería saber nada más de ese asqueroso asunto, no me quedaría allí a averiguar si era cierto o no, estaba lejos de casa, con completos desconocidos, no era ingenua, sabía que esas cosas pasaban, y yo acababa de convertirme en una víctima, dejé todo miedo a un lado, sólo pensaba en mi hija, en mi madre, necesitaba salir de allí cuanto antes, ¿qué clase de personas eran? Nadie en quien pudiera confiar, eso seguro. Corre, sal, corre, corre lejos, gritaba mi subconsciente. - Cariño - ironizó - ¿No lo entiendes? No vais a salir de aquí, quizá nunca. Si sois buenas chicas, podréis visitar a vuestras familias tres o cuatro veces al año, después de todo, no queremos a la policía aquí, ¿verdad? Sean buenas chicas y serán recompensadas. - A ver si lo entiendo, me prostituiré, os daré todo mi dinero, veré a mi familia siempre que queráis, os llamaré siempre que queráis, en fin, hemos sido víctimas de la trata, ¿es así? - Me acerqué a la rubia que tenía un armario detrás, acercándome a la guarra, en ese momento solo quería ponerle la mano en la cara, mi cuerpo estaba lleno de un odio tan profundo y abrumador, la ira chispeaba en mis ojos. - Vaya, vaya - dijo acercándose - veo que aquí tenemos una rebelde, ya sabes lo que les pasa a los que intentan ser valientes - Aquella voz gringa con acento americano ya me estaba poniendo enfermo, no había conseguido asimilar aquella información, Pero visto cómo había sucedido todo, no me quedaba ninguna duda de que me habían engañado. - Así es», continuaron, “Vais a vender vuestros hermosos cuerpos brasileños a cambio de comida, un techo y algo de dinero para vuestras familias”. ¿No era eso en lo que os habíais embarcado? «Un sueño americano- Todavía estábamos bastante cerca cuando ella acabó acercándose- No hay donde huir. Será mejor que empecéis a aceptar vuestras vidas, si no queréis acabar en una zanja, quizás algún día, cuando vuestros cuerpos ya no estén presentables para los clientes, os dejemos libres -Sabía que era mentira, nunca saldríamos de allí, lo máximo que permitirían sería una llamada telefónica para no levantar sospechas, aquello era un negocio ilegal, entramos ilegalmente, para las autoridades nunca salimos de Brasil, estábamos perdidos, pero no quería pensar en eso ahora, sólo quería descargar toda mi rabia sobre aquella rubia miserable que me miraba divertida. Le quité la expresión libertina con una bofetada justo en medio de la cara, me ardía la mano, pero no me detuvo, podía sentir la tensión de las otras chicas detrás de nosotras, no sé qué pasaba por sus cabezas, pero el shock era palpable.La ropa mega ajustada que llevaba la aguada le impedía moverse demasiado, junto con sus grandes tacones inútiles, dándome cierta ventaja, perdí la cuenta de cuantas bofetadas le di hasta que el armero que estaba detrás de ella vio que no podría defenderse y me empujó lejos de ella, caí al suelo jadeando, creo que no usó ni el 2% de su fuerza, Miré a la rubia que tenía delante que parecía incrédula ante mi actitud, su pelo blanco era ahora del mismo color que su pintalabios rojo, nunca se me ha dado bien pelear, de hecho creo que es la primera vez que le meto la mano en la cara a alguien, me miraba fijamente mientras se masajeaba su asquerosa cara. - Zorra, vas a pagar por esto -fue todo lo que dijo antes de salir de la habitación con el armario a sus espaldas, no pude evitar fijarme en la sonrisita que me dedicó, sentí mis ojos inundarse como una cascada y un grito de auxilio estalló en mi garganta, mi mente viajó desesperada hasta mi hija. El miedo a no volver a verla me golpeó tan fuerte como las bofetadas que le había lanzado a aquella mujer.
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