Generalmente, no huía de mis lectores, pero en esta ocasión mis pies se movieron al compás de Sebastián. Evitó a las chicas que venían como una horda enfurecida, ellas tomaron incluso mi cabello para detenerme, pero al final solo pudieron quedarse con esto. —¡Cari, tomaré esto! —Sebastián tomó una botella de tequila —¡Luego te lo pago! Nosotros salimos corriendo, le lancé a Sebastián las llaves de mi camioneta y él las atrapó en el aire. Mi querido amor no correspondido fue bastante rápido al subirse al vehículo, salimos del bar de Cari y miramos la horda enfurecida de chicas que gritaban mi nombre. —¿En serio te enfrentas a eso todos los días? —Sebastián preguntó mientras se ponía el cinturón de seguridad —es una locura total. —Son adolescentes —respondí mientras abrochaba mi cinturón

