Leonard creció con una verdad clavada en el alma: su padre no soportó el abandono y terminó quitándose la vida. Durante años, el rostro de la culpable lo persiguió incluso en sueños. Y cuando la oportunidad de destruirla aparece, Leonard no duda. Pero el golpe no será directo. Será sutil, estratégico. Se casará con su hijastra, la joven a la que esa mujer crió como si fuera suya. Un matrimonio sin amor, construido sobre las ruinas de un plan frío: hacerla pagar, hacerlas pagar a ambas, por todo lo que él perdió. Ella es… distinta. No responde con odio, ni siquiera con reproches. Y su mirada es clara, limpia. Su forma de estar en el mundo desconcierta a Leonard. No parece tener malicia. No parece saber por qué él la hiere. Y sin embargo, lo soporta. Lo observa. Le responde con una dignida

