—¿Qué…? ¿Qué haces aquí? Pensé que no vendrías, que tal vez ya estarías viviendo con Sonia en tu isla. Él estaba apoyado contra el marco de la puerta, viéndome con una mirada que hasta había olvidado lo misterioso y peligroso que era. —¿Tu ya no me amas? —pregunté con cautela. —Pero qué dices, Amanda… todo tiene una explicación. Resoplo algo irritado. —No te vayas a enojar —dijo él, dando pasos lentos logró entrar al área de la sala — —Necesitaba organizar mi mente y ver qué no me iba a descontrolar nuevamente como la última vez, necesitaba procesar nuestra vida. —¿Cómo? —Amanda… —me tomó de las manos y me obligó a sentarme sobre el sofá. —. Estás esperando un hijo mío, ¿Eres mi responsabilidad ? Abrí mi boca pero la cerré rápidamente. —Quiero ser parte de todo el proceso, estar

