CAPITULO 118

763 Palabras

Sonreí quedamente, sintiendo mis huesos como fideos temblorosos. —Ya estoy mejor. —Todavía tienes fiebre —murmuró. —Claro que no. Admite que solo querías tenerme desnuda en la bañera. —Ojala fuera solo eso, cariño. ¿No tienes ganas de vomitar? Esperé un segundo para saber si mi estómago se revolvía, pero nada pasó. —No. Nada de ganas. —Bien. Ya tuve que pagar para que remodelaran una de las alfombras. Mi cara se calentó de vergüenza al recordar que había vomitado en una de ellas. —No puede ser cierto. ¡Qué pena! —Solo bromeaba —me besó en la cabeza mientras se ponía de pie y alcanzaba el gel de Baño—. La mancha sigue allí, pero solo tú y yo sabremos lo que significa. Untó un poco del gel con esencia a caramelo en sus manos y luego las pasó por mis hombros. —¿Cuánto

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