¿Quién hubiera pensado que consideraría mudarme de mi propio apartamento? La semana pasada, vivir con Samuel se había vuelto mucho menos divertido, por no decir muy difícil. No era solo que habíamos dejado de hacer tonterías (eso era manejable), sino que había una vibra extraña entre nosotros que nos impedía ser amigables o bromear entre nosotros como solíamos hacerlo. Samuel había disminuido la frecuencia con la que traía chicas guapas a casa, lo cual supuse que había hecho por mí, y éramos educados entre nosotros, pero ambos podíamos decir que había muchas verdades no dichas entre nosotros. De una forma u otra, estábamos llegando al final del camino. Las bromas casuales y sin sentido habían terminado, el sexo espontáneo había terminado, volvimos a ser simples compañeros de habitació

