Maximiliano Lola y yo sobrevolamos la ciudad todas las noches en busca de brujas, pero no hemos logrado encontrar pistas de quién o quiénes podrían ser; lo que si me quedaba claro, es que tanto Doña Hipólita como doña Leonor, estaban involucradas en toda esa intriga, las dos guardaban secretos oscuros, y estaba seguro, de que sus esposos no estaban enterados. Mientras Doña Hipólita trataba de amedrentarme con la amenaza de acusarme con el santo oficio, Doña Leonor, me insistía en que me casara lo antes posible con Miriam, con el supuesto pretexto de que Don Fernando no estaba de acuerdo con la boda y podía cambiar de opinión, pero mi olfato felino me alertó sobre el peculiar aroma en el café de Don Fernando, y la extraña actitud del hombre en los últimos días, demasiado pasiva estaba seg

