MARATÓN (3/5) ABBY KING Las manos empiezan a sudarme y ese tic inquietante quiere hacerme flaquear pero lo recompenso con la quinta copa de la noche. Los hombres empiezan a hablar de negocios que realmente no me importan, pero al parecer a Stef sí porque frunce el ceño de vez en cuando. Se toca el puente de la nariz cuando algo le incomoda y se lleva el pulgar al labio cuando escucha algo que le gusta. Todos parecen muy serios y yo estoy al borde del colapso mental. Mis muslos están más húmedos que antes, estoy tan sensible que con simple soplo podría correrme. La mano de Stefano está en mi pierna y esta desciende de vez en cuando alterando aún más mis neuronas. –Eso sería magnífico pero no sería rentable– empieza el hombre. –Hablemos de a largo plazo Belmont– Stef sonría c

