EPÍLOGO

1138 Palabras

ABBY KING –Un rastreador. Me puso un jodido rastreador en el bolso– Mía avienta su cartera al suelo y la pisa como si no costara diez mil dólares. Se lleva las manos a la cabeza y nos enseña el celular, su ira estalla más fuerte. –Y tiene el descaro en decirme. “Qué haces en ese bar, amor”– lo avienta igualmente al suelo, aunque este no se rompe. Observo a Linda que está intentando contener la risa y yo estoy casi igual. La ira de mi amiga estalla cuando no respondemos. –No van a decir nada. Es un maldito psicópata, y un…– –Loco que te revuelve los ovarios cada noche– finaliza Linda poniéndose de pie y tomando el bolso para dejarlo en el mueble. La mirada de Mía se ilumina e imagino los escenarios que pasan por su cabeza. Los gritos que escuché hace dos días en la cocina de la

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