No dejaba de latir mi corazón como todo un desgraciado, ella iba en silencio y el camino parecía eterno, apenas sí salíamos de allí. ¿Iba a ir todo el camino en silencio otra vez? ¿Hasta sin poner música? ¡No me lo creía! Algo pasaba por esa cabezota. —Nanna.—estar en silencio no era lo suyo. —¡Cállate!—gritó, con la mirada fija en el frente.—Sólo cállate o harás que me vuelva loca, Darek. —Ya estabas loca antes de que te hablara. Pero me callo, creo que será agradable el silencio. —Te odio. —No, no lo haces, Nanna. —¡Sí lo hago! ¡Te odio, Darek Fletcher! —Y…¿se puede saber por qué? No te he hecho nada, soy todo un santo. No hay motivo para que yo me gane tu odio y eso es una palabra muy fuerte, no puedes estar hablando en serio. —Hablo muy en serio.—la miré por un segundo. Mord

