La parte de ser niñero era la más fácil, esta niña era tan tranquila como siempre lo fue el propio Jonathan desde que era muy pequeño, silencioso y sin llamar la atención. Como llegó la hora de la cena y Nanna no había salido ni una sola vez de su habitación, ordené comida, ya que yo no cocinaría, eso ni pensarlo. No estaba incluido en mi labor de niñero. Miraba la tele cuando el timbre sonó, era la comida. Llevé todo a la cocina y dividí las cosas en dos platos, dejando uno en la sala y otro yendo con él hacia la puerta de ella. Toqué despacio. —Es la cena, encargué comida.—dije en voz baja para no despertar a la niña.—Te la he traído aquí por si estás muy ocupada. Sal a recibirla, cena y luego continúa con tus clases. No quiero que luego Jon me acuse de que no te di de cenar, Nann

