CAPÍTULO VEINTIDÓS Cassie tomó una bocanada de aire, horrorizada. ¿Era una broma de Dylan? Ella sabía que no lo era. El sonaba perfectamente objetivo y eso hacía que sus palabras fuesen aún más escalofriantes. En cualquier caso, su versión era la más probable. Un conejo saludable, de pronto muere. Cassie recordó la forma en que le colgaba la cabeza a Benjamin, floja y dislocada. En el momento se había preguntado acerca de eso y ahora tenía sentido. ¿Por qué Dylan había hecho eso? Matar a una mascota inocente era un acto psicopático. Ningún niño normal haría tal cosa. ¿Cuáles habían sido sus razones? ¿O simplemente había querido matar, sentir como el hueso se quebraba en sus manos para terminar con una pequeña e indefensa vida? ¿Qué tipo de alimaña era él? Lo había considerado un niño

