Katerina está preocupada, ya es hora de salir, Paulo se despide de ellos y sale de la oficina, ella rápidamente arregla su escritorio, Aidan está trabajando todavía en su computador, ella se mueve de un lado a otro guardando sus cosas. Él levanta la mirada y la ve sofocada, se queda admirándola, cada día la vez más atractiva, aunque este último mes la ha notado más rellena, claro no es un idiota para decírselo y hacerla sentir mal, porque algo que ha aprendido es que a una mujer nunca se le dice que está gorda. —Termina lo que sea que estés haciendo, nos vamos de aquí. —¿Qué? ¿Qué tienes? —Estoy angustiada, no sé qué demonios le pasa a tu tío, pero presiento que secuestro a Margarita. —¿Qué estás diciendo? —No te lo había comentado, pero me los encontré cerca del ascensor, ella me pid

