Capitulo 11

1421 Palabras

El motor del auto se apagó con un susurro frente a la imponente verja de la mansión. Las luces exteriores, dispuestas con precisión, bañaban el mármol del camino de entrada con una luz fría y amarillenta. La lluvia había cesado, dejando tras de sí un aire pesado y cargado con el aroma de la tierra mojada y el jazmín. ​Sabrina se dejó caer del asiento, sintiendo el cansancio no solo físico, sino de la constante vigilancia. El día había sido un tira y afloja emocional: la alegría fugaz de ver a Marta, la frustración por la cadena invisible que la ataba a Franco y Vittorio, y ahora, la pesada certeza de su cautiverio. La mansión, con su aire de riqueza inalcanzable, se sentía más que nunca como su prisión. ​Entró en el recibidor, donde el silencio suntuoso de las paredes altas parecía ampli

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