Capítulo 08

1091 Palabras
VIII "La sangre escurría tras las mantas negras que yacían en frente, un hediondo olor llegó hasta mis fosas nasales y entonces giré en busca de la razón. Pegué un brinco que derribó algo detrás pero no le preste tanta atención como la que le di a los cuerpos inertes de dos chicas de cabello rubio que se encontraban en descomposición sobre el piso, un sonido extraño levemente parecido al de un reloj se hacía presente cada segundo que pasaba. —¡Corre!—Giré sobre los pies y la vi. Tenía el cabello sucio y despeinado, con un vestido blanco largo que le llegaba hasta por las rodillas y se encontraba descalza. Seguí su dedo con la mirada y al otro lado visualice a una niña pequeña que corría lejos de la cabaña en la que al parecer nos encontrábamos, daba grandes zancadas por el bosque hasta que la puerta fue cerrada y el grito lleno de dolor que emitió la joven logró despertarme" Tengo las sabanas arrugadas por la fuerza ejercida sobre las mismas, doy un largo suspiro y calmo todos y cada uno de mis nervios. Nuevamente tuve uno de esos sueños raros en los que suelen salir escenas de m*****e y muertes, no le he dicho nada a mamá aún por no querer asustarla pero enserio estoy empezando a sentirme fuera de lugar, lejos de mí. Miro el reloj alarma, son las 05:45 de la madrugada y faltan al menos unas dos horas para que inicien las clases. ¿Acaso me estaré volviendo loca poco a poco? o quizás... No, no puede ser. Niego efusiva de tan solo recordar las palabras de Silvya. "La llaman así por ser una de las cabañas usadas para rituales satánicos a mitad del siglo XX, ¿se ve nueva cierto? —Asentí con miedo e inseguridad— Es porque fue remodelada para su venta al público pero nadie quiso comprarla durante tanto tiempo que terminaron por rentarla a la primera persona que ofreciera algo por ella. —Y... ¿Cuantas fueron antes de nosotras? — Dio dos pasos adelante alejándose por completo del puente. —Seré sincera contigo. —Chasqueó la lengua y buscó en su alrededor— Fueron cuatro en total, cinco con ustedes. —¿Qué pasó con ellos?— Indagué poniéndome en pie cuando vi que buscaba la salida del lugar. —Murieron o desaparecieron, en realidad no sé. — Detuve el paso y ella me dio una mirada para que la siguiera— Salgamos de aquí antes de que oscurezca porque créeme no quieres escuchar a los Kozlov quejarse porque invadiste sus tierras. Son una familia un tanto rara y viven por esta zona sin mezclarse con nadie del pueblo, tienen hijos pero ellos también son raros no ven clases como nosotros ellos son educados en casa y a pesar de poseer un físico envidiable detestan ser vistos. La seguí con los pasos más apresurados que pude y me coloqué a su lado admirando su rostro en el cual tiene unas cuantas pecas y una nariz pequeña, redonda y estirada seguida de unos labios pálidos rellenos de brillo. — Dime más sobre la cabaña lo de la familia esa puede esperar— murmuré por lo bajo. Respiró profundo y nos detuvimos a centímetros de un enorme árbol que indicaba el final del camino a pocos segundos de las primeras casas. — Los primeros en habitarla fue una pareja joven que iniciaba su relación y al poco mes se escucharon gritos de parte de la chica, la gente salió corriendo de sus casas para saber que sucedía pero lo único que encontraron fue un charco de sangre y rasguños alrededor de la puerta.— Respiró profundo—La segunda y tercera eran familias completas de al menos tres a cuatro integrantes que se esfumaron de la noche a la mañana sin dejar rastros, los oficiales llegaron examinando todo y a todos pero al final ni una pista ni culpable nada en absoluto. — ¿Y los otros?— me referí a la número cuatro esa de la que tengo tanta curiosidad por saber. — Ah eso... —Negó apenada con tristeza latente plasmada en el rostro.— Encontraron los cuerpos de los cinco chicos al final del camino de tierra que une este lugar con la propiedad privada de los Kozlov, dos de los jardineros de la mansión llamaron a la policía tras encontrarlos guindando de uno de los árboles grandes que adornan la entrada. Muchos decían que era ajuste de cuentas, otros que se trataba de la venganza de los fantasmas que poseían la cabaña y unos pocos comentaban que era parte de la cultura de los ricos, que cazaban personas y mostraban sus trofeos al público. — ¿Que terminó siendo al final? — pregunté esperando con ansias la respuesta. — Yo le apuesto a la "Venganza", pero no de qué sino de quien. — Dijo despidiéndose con la mano y aparentando luego que recogía hojas del suelo, en una clara demostración de que nadie debía saber acerca de nuestras pequeña conversación pero ¿Por qué?" Perdí el sueño por completo así que decido bajarme de la cama y realizar la limpieza de mis dientes y cara, luego me doy un pequeño baño y por último salgo intentando no hacer ruido. — Se lo que tengo que hacer, deja de repetirlo— murmura. Me acerco a pasos silenciosos a la baranda de las escaleras y veo a mamá sentada sobre el sillón hablando nada menos que con la pared, empiezo a pensar que se está volviendo loca. Con la mirada busco por encima su teléfono o algún aparato que pueda estar usando pero parece no haber nada, me debato en si debo o no bajar cuando sin querer derribo uno de los floreros que colocó por la noche anterior en la pared al lado de mi puerta. — ¡Lana!— grita tan fuerte que me hace sobresaltar pero por lo visto no soy yo solamente porque ella también lo hace y se queda mirándome llena de pánico. — ¿Hace cuánto te despertaste?— sube los escalones de dos en dos y toma mi brazo guiándome hasta la habitación. — Mamá estoy bien— dio al ver que escanea cada parte de mi con la mirada. —Sí, si... ¡Qué bueno!— dice abrazándome— Te prepararé el desayuno, ve a acomodar tus cosas—sale corriendo a la cocina y no puedo evitar pensar que se le ha soltado un tornillo por completo.
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