Cuarenta y tres

1113 Palabras

Inuyasha lo último que recordaba del día anterior era haber dormido al lado de Kagome luego de muchas horas en las que se entregaron sin reservas al cuerpo del otro. Ahora su cuerpo se sentía demasiado débil como para mover un solo musculo. Abrió los ojos despacio y todo su cuerpo dolía como si él hubiese recibido todos los golpes del mundo. Cuando los abrió por completo miró confundido como su cuerpo estaba totalmente atado a su silla, su cabeza dolía y no recordaba cómo llegó a ese lugar. Los pasos de Kagome se escucharon por todo el lugar. Ella había arreglado un calabozo especialmente para Inuyasha. Con una sonrisa ingresó al calabozo donde un muy desorientado Inuyasha la miró. —Despertaste querido—murmuró con voz suave, se acercó y besó con suavidad los labios de Inuyasha. —¿Qué si

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