Inuyasha y Kagome miraron la obra de arte frente a ellos. El señor Higurashi estaba en la mesa, ya formaba parte de la decoración de la misma gracias a la cantidad de clavos en sus brazos, piernas y m*****o. La sangre caía desde la mesa al suelo mientras ellos analizaban si algo faltaba. A pesar de tener las manos manchadas de sangre Kagome lucia radiante mientras miraba a su moribundo padre quejarse débilmente. Habían pasado dos horas martillando cada uno de los clavos. Ahora todo lucia perfecto ante los ojos de esas dos personas retorcidas. —Aunque se ve perfecto siento que algo falta, ¿no crees?—preguntó lamiendo sus labios cereza que ya habían perdido el rojo que antes poseían. —Yo también siento lo mismo, ¿Qué tal una espada decorando su frente?—ella giró a mirarlo. —No es mala id

