OLIVIA ESTRADA Pensar con claridad no es mi fuerte. Eso es algo que sabía con claridad, podía decir que el verlo ahí y recordar lo que sucedió dentro de la escuela me había alarmado. Más no podría negar que esto se me salía de las manos de mil formas posibles. Podía ser que lo más sensato era sentarme y preguntar, ¿Qué es lo que pasa? ¡Pero no! La niña decidió acallar sus pensamientos razonables. Era normal, tenía miedo y el cuerpo lleno de nervios. Muchísimos nervios. No me sentía con la suficientemente fuerza de acatar las órdenes de mi cerebro que gritaban ¡Detente! ¡Para! Pero nuevamente acalle mis pensamientos. Lentamente acerqué mi mano a la puerta asegurándome que no tenía seguro, y entre los ruidos de mi cabeza y el latido de mi corazón taladrando mi cabeza no pensé. Apen

