Capítulo IV

2579 Palabras
‘’El enamorado celoso soporta mejor la enfermedad de su amante que su libertad.’’ Marcel Proust Un montón de palabras llegaron a mis oídos al caminar por los pasillos.— ¿Ya la han visto? —preguntó una pelirroja a las demás.—Yo no la he visto pero los que sí lo hicieron no pueden creer que esa mujer sea la esposa del jefe.—Jessica la vio y dice que no está a la altura de la señorita Erika —añadió otra.Este comentario me puso alerta y me dolió.Si estaban comparando a esa mujer conmigo era porque definitivamente tenía algo que ver con Aeron.Para ese entonces yo me había escondido detrás de un pilar para escuchar el resto de la conversación y probablemente no debería haberlo hecho, no era de buena educación.—Luce demasiado... Fresca para él —agregó otra más.—No te cortes Lucrecia, la mujer tiene esa pinta que te dice: “Hey, aquí estoy, cobro tanto por cierto”.De pronto unas risas a coros estallaron en el lugar hirviéndome la sangre.¿La muy maldita me ha llamado puta? *Cursiva*—Chicas, yo creo que no debería decir esas cosas, no la conocemos para hablar sobre ella como lo están haciendo —habló una chica con voz dulce.Me asomé un poco para ver de quién se trataba y encontré a una rubia bonita con el cabello levemente ondulado.—Cállate Asteria, nadie ha pedido tu opinión.—Hablando de esa mujer otra vez, ¿Creen que se haya casado con el jefe por dinero?—Seguramente, aunque ahora el jefe luce más sexy, después de que se quitó esos horribles lentes, incluso yo quiero seducirlo.Esto es el colmo. Cuando estuve a punto de salir a agarrar a esa maldita por el cabello un toque suave en mi hombro me hizo sobresaltar, rápidamente me giré y fruncí el ceño fulminante viendo a Erika frente a mí.La mujer enrojeció visiblemente.—Señora Stephanidis, su esposo la espera en la oficina.Ella echó un vistazo detrás de mí y las mujeres que estaban allí soltaron un gemido a coro dándose cuenta que yo estaba allí.Todas me miraron de inmediato antes de disiparse a sus puestos, la única que se quedó en ese cubículo fue la rubia que me había defendido quien miró a la pantalla del ordenador avergonzada.—Ya voy.Enseguida dirigí los pasos en dirección a Aeron mientras mi corazón latía frenético con las palabras de esas estúpidas dando vueltas en mi cabeza.Me molestaba de sobremanera que todos al verme con Aeron pensaban que estaba con él por dinero.No entienden lo que nosotros tenemos.No lo saben.Sin contar el hecho de que mi hombre es perfecto con o sin sus horribles lentes como esa mujer los había llamado.De hecho, a mí me encanta Aeron con lente, lo encuentro tan malditamente sexy, siempre lo he hecho.En silencio abrí la puerta de su oficina si siquiera tocar como ya se estaba haciendo de costumbre y lo vi sentado con la vista en un montón de papeles.Al sentir mi presencia él levantó la mirada y sus ojos adquirieron ese brillo particular que tanto me gustaba.—Ven aquí —demandó con voz cargada de promesas que hizo que un montón de mariposas revolotearan en mi vientre.Yo, la jodida chica buena que finjo ser a veces di lentos pasos en su dirección como una virgen a punto de ser sacrificada sabiendo que mi lentitud lo ponía al límite y definitivamente amo verlo a punto de perder el control por tocarme.Una vez que estoy tan cerca de él Aeron tira de mi muñeca con suavidad ocasionando que me siente en su regazo y toda la mierda que escuché sobre nosotros allá afuera es olvidada de golpe cuando esos labios perfectos toman los míos en un beso devastador.Nada es más perfecto que él besándome.— ¿Conociste la empresa? —preguntó rompiendo nuestro beso.Me contuve de hacer una mueca y bajé la mirada acariciando su pecho con la yema de mis dedos.—Un poco, tengo que hacerte ciertas preguntas.Él me sonríe acariciando mi cabello.—Dime.— ¿Qué quieres que haga por ti? Porque honestamente no tengo idea de qué es lo que hace una asistente.De inmediato él echó la cabeza hacia atrás y comenzó a reír.Esto trajo a mí una sonrisa.Amo que él sonría y más si yo soy la causa de la misma.—Ya que estamos en la hora de la honestidad ¿Por qué querías que te contratara como mi asistente si no tienes ni idea de lo que va? —preguntó arqueando una ceja con suspicacia y yo casi maldije.—Bueno eso es porque te echo de menos, últimamente no estás en casa y me aburro ahí sola.Hice un puchero dejando un besito suave en la comisura de sus labios.Él hizo una mueca sospechosa de pronto.—No tienes que hacer esto de mi asistente sirena, prometo volver a casa más temprano.— ¡No! —exclamé horrorizada—. Es decir, puedo hacerlo, de hecho, googleare de qué se encarga una asistente del jefe de una empresa tecnológica.Él una vez más rió y ahora fue él quien buscó mis labios. Sin embargo este no fue un besito suave, distaba muchísimo de serlo.Su boca dulce jugó con la mía mientras su lengua hacia de las suyas llevándome al cielo.¿Alguna vez estaría lejos de esto?¿De él?El solo pensarlo me ponía enferma.Desde el día que conocí a Aeron mi mundo fue diferente, lo amé en el acto.Aunque todos piensen que estoy con él por el dinero o sus apellidos.El segundo apellido de mi esposo es el más importante de toda Grecia.Los Areleous prácticamente son dueños de Atenas y los Stephanidis son sus socios más grandes, la universidad más prestigiosa de Grecia pertenece al padre de mi esposo y fue allí donde lo conocí.—Ae... Señor Stephanidis —corrigió la muy perra por el intercomunicador recordando que yo estaba en la habitación—. Tiene una llamada muy importante de los inversionistas Rusos.Enseguida me aparté de él recordando donde estábamos antes de sonreírle pícaramente.—Empezaré finalmente mi sexy trabajo de asistente trayéndote un delicioso café —añadí guiñándole un ojo y mi hombre me sonrió de vuelta.—Lo esperaré, sirena.Amo cuando me llama de esa manera.Él suele decir que poseo el cuerpo de una sirena y mi cabello rubio lo confirma.La dulzura en su voz ante el mote me da un calor indescifrable siempre que lo menciona.— ¿Puedes decirme dónde está la cafetería? —pregunté una vez que salí de la oficina de Aeron.Acto seguido Erika se levantó de la silla como un resorte para después ofrecerse a ir por lo que quisiera.—Puedo ir yo, tranquila, indícame dónde.Ella pareció quedarse estupefacta por mi tranquilidad y en mi interior me reí con malicia.Al enemigo hay que tenerlo cerca, voy a vigilar a esta perra.Todos sus movimientos serán detectados por mí.Así que tengo que fingir que no la detesto.Saliendo de su estupor me indicó dónde quedaba la cafetería y enseguida fui en esa dirección.El lugar no estaba demasiado lleno debido a que no era la hora del almuerzo así que me senté a esperar el café de Aeron y de inmediato googleé qué demonios significaba ser una asistente.¿Creían que iba de broma?Escuché mi nombre y me levanté para retirar el café pero mi vista permaneció en el móvil por lo que no vi a la chica frente a mí y estúpidamente chocamos causando que yo derramara su café en su ropa.Apenada la miré y descubrí que se trataba de la chica que anteriormente me había defendido.— ¡Lo siento tanto, no fue mi intención!—Fue mi culpa —murmuró ella.—Déjame ayudarte, tengo una camisa en mi auto, voy por ella y te pagaré un nuevo café, está vez prometo no tirártelo encima.Ella sonrió tímidamente y negó con la cabeza.—No tengo tiempo, si llego un solo segundo tarde mi jefa...—Te ha ocurrido un accidente, tiene que entender.Rápidamente abrí mi bolso y saqué de este un par de billetes para luego tendérselos.—No creo que...—Venga, yo fui la causante acéptalos, pide el café, iré a mi auto por la camisa y más te vale que aún estés aquí —la señalé bromeando y ella está vez dejó salir una risita tomando los billetes.—Esta bien —murmuró.De prisa fui hasta el estacionamiento y tan rápido como pude volví a la cafetería, no quería meterla en problemas y yo misma tenía que llevarle el café a Aeron.No quería darle más motivos para que me dejara en casa. La rubia ahora estaba sentada en la mesa donde yo antes estuve sentada pero al verme se levantó. —No debió hacer esto… —Fui yo quien causó este desastre así que no digas más, por cierto soy Lawri, aunque todas suelen llamarme la horrible caza fortunas —solté burlona tendiéndole la mano. Ella se sonrojó una vez más sabiendo que me refería a lo que había escuchado. —Lo siento, yo no… —Sé que no fuiste tú, te escuché, ahora dime tu nombre. Ella me estreché la mano antes de decirlo. —Soy Asteria. Antes de que pudiera decir algo más sentí una presencia detrás de mí y al voltear me encontré al diablo cara a cara. Mi cara se transformó a incomodidad que ella pareció notar por lo que sonrió victoriosa. —Debí imaginar que estarías aquí haciendo nada, como cosa rara. El comentario tóxico hizo huir a Asteria quedando solo mi querida suegra (nótese el sarcasmo) y yo. —Vine a buscar un café para Aeron… — ¿Por qué no te limitaste a quedarte en casa? Donde perteneces, si mi hijo se casó contigo fue para tenerte como su trofeo. Una bonita chica de Gales quien no tiene ni la menor idea de cómo tratar a un magnate como mi hijo, no eres nadie para él ¿Aún no lo has entendido? En la vida nunca me había afectado tanto la opinión de la gente y esta vez sí que me molestaba pero no era por mí sino por Aeron ¿Realmente era tan insignificante para él? ¿De verdad me veía solo como la esposa trofeo? Solo como una cara bonita… Definitivamente no dejaré que esa horrible mujer se dé cuenta que estaba destruyendo todas mis defensas. Así que alcé mi cara para mirarla con desafío. —Parece que la única que no te das cuenta eres tú, si Aeron no me amara por quien soy no se hubiera casado conmigo, ni siquiera estuviéramos juntos hoy. Ella se rió en mi cara como si hubiera contado un chiste y enseguida soltó un malintencionado comentario. —Querida niña, no niego que ame la novedad, a todos los hombres les gustan las cosas fáciles y mi hijo no es la excepción. Tuve que apretar los dientes y calmarme porque de no ser así ya estaría golpeándola. Es una perra pero es tu suegra Lawri. —Giselle, dame el café de Aeron, se lo llevaré yo. Su esposa parece estar… indispuesta —soltó tras darme una mirada burlona. Y justo ahí me di cuenta que la mujer que atendía la cafetería había presenciado toda nuestra conversación. Bien por mí. En cuanto la bruja se fue la mujer de piel oscura me miró condescendientemente y me sentí aún peor. —Discúlpela señora Stephanidis, la señora Helena ha pasado por mucho y… —Eso no le quita que sea una… —detuve mis palabras y solté un suspiro, no debía olvidar que alguien le había informado a Helena de mi presencia y por lo que sabía incluso podía ser esta mujer su espía—. Oye, sé que estamos en horas laborales pero ¿Tienes algo fuerte para beber? Giselle como la había llamado Helena soltó una carcajada. —Cariño esto no es una barra libre, pero si me permites a unas cuadras de aquí hay uno a donde suelen ir los muchachos los viernes por la noche —bromeó conmigo y le sonreí de vuelta. —Anotado, ahora necesito que me cubras —le guiñé el ojo, inmediatamente entendí que esta mujer no había llamado a Helena aunque la conociera de algo—. Es un placer conocerte Giselle. —Estoy honrada de conocerla señora Stephanidis. —Para con eso, soy Lawri. —Lawri, espero verte más seguido por aquí. —No lo dudes, será el lugar que use para esconderme de mi gruñó jefe. Una vez más ella rió y supe que era hora de irme. Me di la vuelta para ir en dirección de la oficina de Aeron pero sinceramente no quería volver a toparme con Helena por el resto de lo que me quede de vida si es posible.Así que instintivamente me dirigí al escritorio de Erika.—Señora...—Erika, quiero la agenda de Aeron —la corté de inmediato.Según Google las asistentes deberíamos llevar la agenda del jefe y organizarla.Sin agregar que si tenía esa agenda quizás tendría un poco de suerte y encontraba algo sospechoso aunque deseaba no estar en lo correcto.El semblante de ella quedó en blanco lo que me hizo sospechar y temer a la vez.Aeron no podía ser tan básico como para escribir que se vería con Erika u otra de sus amantes.Dios, el solo pensar en que mi esposo tuviera una amante me revolvía el estómago.—Yo... No puedo darle la agenda del señor Stephanidis.— ¿Ah no? ¿Y por qué? Yo ahora soy su asistente, debo llevar su agenda y organizarla.—Pero... El señor no me lo ha pedido —dijo ruborizada y la rabia comenzó a latir en mí.—Ahora te lo estoy pidiendo yo Erika —respondí conteniéndome.— ¿Y qué es lo que le estás pidiendo a Erika, nuera? Entorné los ojos aburrida con su presencia.Así que me di la vuelta para encararla pero detrás de ella estaba Aeron mirándome seriamente. El vello de mi cuerpo se erizó como respuesta y un tirón en la boca del estómago se notó.Él jamás me había mirado así.¿Qué le había dicho Helena de mí?O peor ¿Me había escuchado pedirle la agenda a Erika? ¿Se había enojado por eso?—La señora Stephanidis me estaba pidiendo...—La agenda de Aeron —me le adelanté a la chismosa—, si voy a ser su asistente tengo que...—Tú no tienes que hacer nada cariño —dijo con hipocresía—, solo lucir bonita en casa.Inevitablemente la fulminé con la mirada.— ¿Quieres decir... Cómo tú?Ella me devolvió la mirada venenosa y yo sonreí con superioridad pero en cuanto volví mis pupilas a Aeron entonces me di cuenta que Erika y él se habían hecho una seña.—Bebé —habló Helena mirando a Aeron—. Te espero para la cena, mucho mejor si vienes solo.Añadió para hacerme molestar pero ya estaba lo suficientemente molesta tratando de rememorar la seña que ellos se habían hecho y tratando de pensar de qué iba la misma.El dolor se instaló en la boca de mi estómago haciéndome sentir sumamente mal.Me importaba una mierda Helena.Me importaba una mierda su familia.Pero era simplemente devastador pensarlo engañándome y cada minuto que pasaba ahí estaba acercándome a la posible horrible realidad.
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