La vida fue diseñada para compartirse; nadie puede reproducirse solo, nadie sobrevive a temperaturas bajo cero solo, y nadie quiere estar nunca solo. Pero Maximiliano tenía un poco de razón en sus palabras: si dos hijos no son suficientes, ¿qué podría serlo? Brenda y yo estábamos acostadas viendo cosas de bebé en la televisión. Debido a que es más grande, mi amiga escuchó el sonido de la olla exprés y recordó que es una ama de casa. Me puse de pie y fui a revisar el horno. Damián ingresó poco después a la casa. —Tenemos que hablar —comentó, y las dos reímos. —Sí, mi amor —respondió Brenda, y los tres reímos—. ¿Se te antoja algo? —A mí un café, y que veas el pastel entero antes de que me lo coma. —Se ve espectacular. —He estado trabajando en esta receta semanas —comento—. Luna me t

