Tres días conmigo, eso es todo lo que le pido a Álvaro, tres días para que cada uno enfríe su cabeza y encuentre la paz que necesita para aceptar la realidad a la que nos enfrentamos. Yo de verdad he vivido una vida llena de errores y mentiras, la primera que soy divertida, lo único que soy es patética. Llevo dos de mis tres días de meditación y diversión encerrada en el hostal, viendo gente por la ventana, comiendo como la persona loca que soy. Recibo una llamada de Pablo, que son pocas las que me hace, y este se burla cuando acepto mi realidad. —Soy sosa, como una papa sin sal. —La gente cree que no, pero la papa es exquisita incluso sin sal. —Bueno, gracias. —No, no es un piropo hacia ti. Estoy hablando de lo rica que es la papa, tú necesitas dejar de autocompadecerte de ti misma,

