A mí me gustaban las oraciones en las que empezaban con Álvaro y yo, pero mi familia ha cambiado eso un poco. Todos están presentes: mis hermanos, mis cuñados, mi abuela, mi papá, mis amigos, algunas personas con las que he trabajado y con las que aún mantengo contacto, incluso mis compadres han venido desde México para celebrar la llegada de mis hijos. —¿Pablo? —Me he colado porque no puedo creer que estés embarazada de gemelos —comenta divertido y se acerca a saludarme con un beso en la mejilla y un abrazo, no tan propio del Pablo al que solía conocer. —Mi amor, princesa —interrumpe mi abuela e insiste en tomarnos una foto antes de que alguna de las dos esté demasiado cansada. Le doy un beso en la mejilla y nos acercamos al fotógrafo para que nos tome la fotografía perfecta. Masha, la

