Por nada del mundo

1680 Palabras
Pablo es muy detallista y trabajador cuando se lo propone. Tiene la mano metida en todo: en el tour, en la edificación, en los arreglos. Hay tanta gente yendo y viniendo que a veces se me olvida que existe la privacidad y Pablo aparentemente decidió arreglar mi cuarto. Está soñando si cree que voy a dormir con él. —¿Me permites? —pregunto para evitar gritarle en frente de los trabajadores, él se quita el casco, asiente mientras se acerca a mí y los demás continúan trabajando. —Sí, dama. —Pablo, hay hombres en el techo, en la pared, en el baño, en toda mi habitación. —Sí, lo siento. Dejará de ser una habitación, pero te puedes mudar a una casa de visitas o a un hotel por unos días. —Estoy muy cansada de ti. —Ya, yo igual. Oye, en media hora quiero ir a caballo para hacer los tres recorridos. Pensaré en el material que vamos a compartir, y si hay que construir algo, ponernos a ello para mañana. —Claro, yo iré en auto. —¿Por qué? —No me gusta andar a caballo—comento y él insiste en que le cuente más. —No y me da miedo. ¿Feliz? —Pablo, quien se ha criado entre caballos y ganado, ríe. Me advierte que iremos montados a caballo. Yo quiero gritar y llorar, pero en su lugar veo a su padre. Este eleva su mano para saludarme. Marco, es un poco más efusivo, viene corriendo a abrazar a su hermano mayor y luego me da un beso y un abrazo. —Mi mujer quería venir, pero le dije que estabas ocupada. —Mina es amiga de todo el pueblo, seguro tiene espacio para Xóchil. —Claro, la próxima vez la traes. —José Pablo y María del Carmen.—Gabriel parece renombrarnos, miro alrededor. —Es Carmina. —Recalco. —Tu papá siempre anda buscando atajos; es María del Carmen, como la Virgen. —Es Mina, como las minas de las que él extrae oro y diamantes. —Replica Pablo. —Ya… —Responde. —Bueno, vamos a apretarles un huevo y una teta, ¿en qué han avanzado? Pablo le pregunta por dónde quiere iniciar y lo lleva por la construcción principal. Nos va explicando su visión, y parece prometedor. Este es una de esas personas que fingen pasar de ti, no escuchar ni una palabra, y continúan con su vida, cuando cada palabra tiene un valor inmenso. —Guardería. —Repite su hermano. —Sí, de kilos y de perros. —¿De perros? —Pregunta su padre. —Hace cuánto no sales, todo está tornándose pet-friendly, porque cada vez más dueños de animales prefieren no salir antes que dejarlos mal cuidados. —Yo quiero un perro. —No quieres un perro. —Me advierte Pablo. —Yo tenía un perro. —Mina… —Me llama su padre. —¿Qué le pasó a tu perro? —Pregunta Marco. —Mi ex… —No entiendo por qué hacen esas cosas, perros con el ex. —Interviene Pablo.— ¿Ahora tienes una custodia compartida? —Felipe lo propuso, pero es una excusa para seguir viéndonos y no me va eso. —Gracias a Dios, pensé que tendría que despedirte y escuchar a Demetrio. —Comenta el hombre.— Ha sido sorprendente. Eres un excelente ingeniero y arquitecto, hijo. —Estrecha la mano de Pablo y este le mira con seriedad.— Tu visión es impresionante, Mina. Felicidades, continuaremos con el proyecto. Llamaré a mis socios y luego haremos el recorrido. ¿Les parece? —Todos asentimos y el hombre se aleja. Marco le pregunta a su hermano cómo ha logrado tener tanto avance de la noche a la mañana, y este sonríe divertido antes de reconocer que la presión de su padre es interesante, pero la mía es muy efectiva. —Listos, tu madre ha llegado, qué terca la mula. —Papá. —Le saludan sus hijos. —Me ha costado un mundo alcanzarles. —Dice la mujer mientras se quita el sombrero.— Es que me quedé pensando: María José, tú eres dueña de un 50% de todo lo que Gabriel posea. —Los tres hombres comparten una mirada.— Pariste al 100% a Pablo. ¿Desde cuándo ellos te mandan? —No, mi amor, nadie nunca quiere gobernarte, juzgarte o condenarte. Todos deseamos que seas extraordinariamente feliz y libre. —Explica su esposo sarcásticamente.— Me hubiese encantado viajar contigo. —Comenta antes de darle un beso sobre los labios. Ella le mira socarrona y después se gira hacia Pablo. —Mi amor. —Dice y extiende sus brazos. Pablo se vuelve pequeño entre los brazos de la mujer que le dio la vida. Esta le llena de besos y le abraza con todas sus fuerzas.— Estás flaco, Pablito. No te alimentas. Estás estresándolo. —Le pago un salario, no es por existir. —Responde Gabriel.— Ella es Mina, hija de un amigo muy querido mío y la organizadora de este proyecto. —Mina, mucho gusto. —Saluda la madre de Pablo.— Acusaría a Sion de ser tu padre, pero tienes los mismos ojos que Demetrio. —Dice y niega con la cabeza.— Ese no aprende, ¿verdad? —No, y tú no vas a decir nada—advierte su marido. —No, para nada. Si su mujer me cae fatal. —Responde y su marido niega con la cabeza. —Papá, mamá. —Le decía a Mina antes de que llegaran. —Qué hay que buscar habitaciones en un hotel local. Mandé a arreglar el techo y las paredes. —¿Cuál era tu plan, José Pablo? —Pregunta su padre. —Se llama Pablo, sin segundos o primeros nombres. —Recalca la madre de Pablo.— ¿Cuál era tu plan? —Torturar a Mina y conseguirle un hotel. —Sí, sí, suena muy típico tuyo. —¿Dónde planeabas dormir?—cuestiona su madre. —Iba a acampar. —Responde. Su hermano le propone hacer eso juntos, con cierta ilusión. Yo sugiero hacer las reservaciones en un hotel para que todos estemos cómodos, porque ni cabalgar, menos acampar. Casi una hora más tarde, después de visitar las reformas en la hacienda, Gabriel parece contento. Pero su mujer insiste en conocer los recorridos para el turismo. —Tenemos dos propuestas: una con acceso al río y otra más corta. —¿Con qué se haría? —En auto, a caballo o a pie. —Responde Mina. —A caballo. —Indica su madre y hace una señal a los trabajadores para que preparen los caballos. Mientras ella se cambia. Pablo y yo compartimos una mirada; yo estoy algo paniqueada con solo la idea de subir al caballo, pero imaginarme cayéndome en frente de esta gente lo hace peor, él parece divertido. Me informa que no me dejará caer del caballo frente a sus padres. Pero, tengo que perder el miedo de inmediato y, sobre todo, tomar clases de equitación casi de inmediato. Media hora más tarde, estamos realizando un recorrido similar a lo que propuse. Entre Pablo y yo explicamos los beneficios del agave, el tratamiento, las plantas, la producción y Pablo recalca tanto detalles de flora y fauna como arquitectónicos, sus padres parecen sorprendidos y comparten una mirada antes de brindar al finalizar el tour con una degustación de tequila que elijo no probar. —Mina, ¿no bebes? —No consumo alcohol ni drogas. —Y cómo sabes que lo que vendemos es bueno —insiste Gabriel—. Estadísticas, he leído las estadísticas. —¿No te da la gana o no puedes beber? —pregunta Gabriel.—Pablo y Mina, de verdad, que los dos son listos, pero ninguno de ustedes está listo para un bebé después de conocerse durante ocho semanas. —Estaba molestando cuando dije que salía con Mina. —No estamos juntos —aseguro. —Entonces, ¿por qué no haces la degustación? —Gabriel, de verdad eres como un niño malcriado —le acusa su esposa.—No quiere y ya. —Tiene que probar para vender. —Me aprenderé las características, pero no beberé. Estoy limpia de alcohol y drogas hace casi cinco años y pretendo llegar a los cinco —especifico y todos se quedan en silencio. Él me mira ensombrecido, devastado, tanto sus hijos como su esposa se miran asustados como si supieran lo que está por venir, que sé que no debería andar contando por ahí que he sido una adicta. Cuando hay que trabajar con alcohol de por medio prefiere ser honesta y decir por qué no bebo y qué tan comprometida estoy con mi sobriedad y con mi trabajo, a pesar de la molestia inicial creo que puede reconocer mi valentía. —Puedo aguantar un montón de cosas, pero no adicciones. Estás despedida. —Está recuperada, papá —dicen sus hijos al unísono. —No me interesa ser parte de esto por un tiempo. Por favor, en cuanto puedas empacas y te vas. Te enviaré tu compensación y nuestro acuerdo se mantiene, pero te vas. —¿No... no me queda claro? ¿Me está despidiendo porque elijo estar limpia? —No, te felicito. Llevas aquí dos meses y no has tocado alcohol. Simplemente, no voy a esperar a que recaigas y formes parte del desastre que dejes. —Mina, no es Gabriel.—intenta abdicar a mi favor Pablo. — Ha demostrado con creces que puede mantenerse sobria. —No me interesa, para mí el límite está ahí —replica—. Llama a mi secretaria para coordinar el avión y tu liquidación. Muchas gracias por tu servicio. —Gabriel... —le llama su esposa mientras lo sigue e intenta disculparse conmigo al mismo tiempo, pero prefiere ir corriendo tras su esposo. Y le veo incrédula, avergonzada y dolida, como si mis problemas del pasado no me permitieran seguir disfrutando de mi vida, como si siempre regresaría a mí y me reventaría en la cara.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR