Antes muerta

1519 Palabras
Felipe había sido más que espectacular, me había obligado a quedarme en casa, pero había ofrecido brindarme todo lo que quisiera. Contrató a alguien para que preparara todas nuestras comidas y otra persona para que me diera terapias y ayudara a recuperar mi pie. Estaba lo más cómoda posible. Sus amigos incrédulos por lo que nos había pasado llegaron a casa. Raymond me trae remedios de su madre, quien es médico holística y sabe cuál es la mejor pomada para reducir la inflamación. —¿Tu mamá es médico holística? —pregunto sorprendida. —Necesito conocerla. —Claro, le encantaría. —Ya no trabaja por dinero, pero lo hace como hobby y por amigos, te sacaré una cita. —Estaré honrada. —¿Quieres algo de comer o beber, Mina? —No, finjan que no estoy, voy a meterme en mi habitación y leer. —¿Es un libro de romance? —Es un libro y deben respetarme como lectora. —Los tres hombres sonríen y me ven partir con ayuda de las muletas. Los tres continúan conversando sobre su trabajo y aprovecho para leer una de esas novelas de romance que hasta te hacen sentir culpable de lo cursi, sexy y predecibles que son. No puedo despegarme y no me doy cuenta de lo tarde que es hasta que Felipe viene y enciende la luz. —¿Qué estás intentando, quedar ciega? —Este aparato es genial, no he podido parar de leer cosas. —Estás leyendo porno rosa. —Tú y el porno. —Los chicos van a pedir pizza, Brenda me escribió preguntando si podía venir, le dije que sí, viene en un rato, ¿le gusta algún tipo de pizza? —Lo que haya, no comerá más que un pedazo porque le dará vergüenza. —Pediré una pizza con un trozo de cada sabor. —Yo elevo las cejas y no discuto más porque Felipe, perfectamente, puede robarme quince años de vida en discusiones por estupideces. Antes de salir de mi habitación, me pide revisar el teléfono porque mi amiga tiene dudas. Me río y busco el celular un momento, y cuando lo encuentro veo un mensaje de Raúl. Raúl: Buenas, ¿qué ocurre contigo? Mina: Estoy de licencia, ¿te ha gustado la novedad? Raúl: La he devuelto, me gustas tú y tu lencería inapropiada. Mina: JAJAJAJA Raúl: ¿Qué es tener licencia? ¿Código para menstruar o quieres que te pague más? Mina: ¿Raúl, eres mi cliente o mi amigo? Raúl: Raúl, Raúl, el tipo con el que te mensajeas. Mina: Tuve un accidente con un cliente y bueno, mi pie ha quedado inflamado horriblemente. Estoy mejorando en cama y no creo que sea posible tener sexo con un pie que duele. Raúl: ¿Por qué no me avisaste? Mina: No es nada, es solo un esguince. Raúl: Explícame, ¿cómo funciona eso de que tuviste un accidente con un cliente? Mina: No... no es lo que piensas. Fuimos a comer, veníamos caminando a su edificio y nos asaltaron. Me robaron los diamantes bonitos que me diste, una de mis bolsas preciosas de NY, y no me robaron los tacones que eran Chanel. Gracias a Dios, salí corriendo con mi cliente y me tropecé un par de veces, lo que ocasionó un esguince horrible. Mucho hielo y reposo. ¿Sabes lo que es un k****e? Raúl: Mina, eres mi amiga y espero que cuando algo así pase, ya sea un rasguño o la pérdida del dedo gordo, me llames y me digas lo que pasó. Obvio, soy tu cliente, pero me preocupo por ti y muchísimo. Pensé que te habían incomodado en el banco o algo, lo he pasado muy mal. ¿Puedes pensar en mí la próxima vez y avisarme si estás viva o muerta? Leo el mensaje de Raúl y siento algo feísimo en el pecho. Es obvio que Maddison no se va a poner a discutir con él si estoy con uno u otro, menos por mi salud física. Decido llamarle de inmediato y él contesta al segundo timbre. —¿Puedes hablar? —Estoy con mis hijas, preparando la cena. —¿Qué preparas? —Pastas. —¿Y tu mujer? —Está de viaje con sus amigas. —Qué lindo ser una mantenida en casa. —La bomba. —responde. —La foto de tu pie se ve fatal, ¿qué te han hecho o qué te han dicho? —Es un esguince y acaban de darme una crema para el dolor, es mágica. —Ya, ¿no te metieron nada? —Nada. Solo cosas naturales y un fisioterapeuta. —Papá, te está quedando mal eso y luego quieres que lo comamos y deja el teléfono de verdad, yo solo quiero comer cereal. —Creo que no sabes cocinar. —No es mi culpa que la empleada se haya tomado el día y su mamá esté de viaje. Los macarrones se hierven. —Siete minutos. —¿Qué? —Siete minutos en el agua, ¿cuánto lleva? —Casi un mes —responde y los dos se ríen. Raúl deja el teléfono sobre la barra de la cocina y Rayna se queja. —Hola, ¿quién eres tú? —Mina, una amiga de papá —les dice Raúl. —Oye, ¿y tú sabes cocinar? —Sí, sí. —Ya... —Amiga de qué, ¿es tu amiga o tu amante? —Es mi amiga, dile a tu mamá que en lugar de buscarme amantes busque a Dios. —Intento no reírme, pero una de sus hijas declara que tiene los huevos de hacerse el ofendido. —¿Raúl? ¿Por qué no se ponen guapos los tres y van a una cita de papá e hijas? Es lo más divertido, se visten muy guapos y papá les lleva a un lugar caro y comen lo que quieran o lo más elegante, o macarrones bien hechos con buen queso, y hablan de lo que quieran hacer en el futuro, lo bueno y lo malo. —¿Ah sí? —Sí. —¿Tú has ido? —Mi papá me llevaba antes y me hacía muy feliz. —¿Podemos, papá? —Sí, démosle las gracias a Mina y váyanse a cambiar. —Qué emoción, gracias, bye —las niñas hablan al mismo tiempo y se van gritando y corriendo. Cuando están lo suficientemente lejos, su padre reconoce que su mamá no está de viaje, está buscando casa en algún lugar incómodo de la ciudad en el cual él no tenga tiempo de escaparse entre una actividad y otra y al final sus hijas le resientan tanto que no quieran verle. —Entonces, pelea por la custodia compartida, pelea por tus hijas, por hacer momentos especiales y, sobre todo, recuérdame enseñarte a hacer pasta para su próxima visita. —Gracias. —En cuanto regresen, me escribes y me cuentas qué tal. —Gracias, Mina. —Con gusto, amigo. Se despiden y Felipe ingresa a la habitación con una Brenda un poco enojada. Mi amiga enciende la luz y me dice lo mismo que felipe que los aparatos electrónicos no son para usarse en la oscuridad, mi novela va tan buena y entre Raúl, Brenda y Felipe… la verdad… me estoy retrasando. Tomo asiento sobre el borde de la cama y Brenda viene a llenarme de besos y a revisarme el pie, sigue viéndose falta, muy hinchado, con un par de pelotas y como si no fuese poco hay una gama de colores del terror, entre rojo, morado y verde. Bueno que estoy va a tomarse un rato y ya me han dicho que nada de tacón, el terapeuta, pero hay unos cuadrados divinos, bajos en internet y ya he encargado yo un par y unas de esas tennis chunckys, que son altitas, porque antes muerta que viéndome de la talla que soy. —¿Tú sientes cero respeto por mí? —No. —Entonces, ¿por qué no contestabas? —No ha sonado —Felipe intenta contener la risa mientras hago el esfuerzo de ponerme en pie. —Brenda ha traído un montón de tus favoritos. Los chicos quieren arrasar con todo y Brenda considera que podría haber traído más si tan solo le hubieras contestado. —Felipe te compró una pizza de un sabor diferente cada rebanada. —Felipe, traje un plato solo con croquetas de queso para que puedas hacer falsas empanadas, y el relleno te lo traje en otro plato aparte. ¿Así es tu dieta? —Felipe sonríe y le agradece mientras asiente. Yo me acerco a Brenda y la lleno de besos. —¿Por qué eres tan mona? Le pido por favor que nos regalen los boletos lunares a ver si la novela gana un poquito más de popularidad, tanto las que comentan como las que son un poco silenciosas, de quién ha votado o no, no me entero ni yo y lo AGRADEZCO con la vida, algunas veces leen y se lo dan a una novela que está sin actualizar por meses. ¿Les parece justo? Ustedes literalmente hacen la diferencia.
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