Con la mano que no sostiene la bolsa en donde está la ropa que compramos para él, Ethan aprieta mi cintura mientras me arrastra a una habitación, a su habitación. Tan pronto el picaporte de la puerta es girado, nos introduce en la recamara que sólo es alumbrada por la luz de la noche que entra por la ventana abierta. La bolsa es lanzada por algún lugar que ninguno de los dos se preocupa por verificar porque estamos muy ocupados con el otro, sus manos deshaciendo el desordenado moño de mi cabello mientras las mías encuentran su camino en la musculatura de su pecho. Mis labios arden de lo duros que son sus besos, pero ni siquiera me importa porque quiero más. Cuando consigo que su camiseta quede fuera de su cuerpo, lo miro porque nunca me voy a cansar de hacerlo. Ethan tiene mi atención, en

