Cuando llegué al descampado, Carlos aún seguía entrenando con los demás niños y adolescentes; Javier no se había dado cuenta de quien era yo, hasta que Carlos me nombró. - ¿Thomas Scott? –me preguntó creyendo reconocerme. - Pues sí Javi, soy yo –le respondí sonriendo–. ¡Venga hombre dame un abrazo! -se acercó enseguida y me abrazó. Cuando éramos niños, él, Checho y yo jugábamos futbol en los recreos de la escuela primaria, hasta que llegaban nuestros profesores y nos llamaban enfurecidos porque no entrabamos al salón… - Jamás creí encontrarte aquí –me soltó– hasta donde sabia estabas jugando en la reserva de los Diablos Rojos… - Si, ahí estuve hasta hace unos días, pero ya me vez aquí, queriendo empezar una nueva vida… - ¿Y ahora que hacemos pro

