Ella accedió sin hacer preguntas, curiosamente confiaba en él y no entendía el por qué. Giraron unas cuantas calles hasta que él aparcó frente a un local. Bajaron del coche y entraron. Una vez dentro sonrió Sídney, se trataba de un lugar de juegos. —Apuesto a que no me ganas en una competición de baile. —la retó él mientras subía a la pista. —Yo no bailo. —Entonces déjame ganarte sin esfuerzo, venga, atrévete. —le ofreció su mano. —De acuerdo—se rindió. Depositó sus cosas sobre una silla y tomó su mano mientras era arrastrada hacia la pista. —¿Lista? —Cuando quieras. Nicolás puso la máquina en marcha y cuando comenzó a sonar la música, sus piernas comenzaron a moverse según les indicaban las luces de la pista. Sídney se partía de risa por su manera original de moverse, aunque ella

