—¿Y usted quién se cree para no dejarme pasar? —cuestionó una voz masculina afuera de la habitación—. Tengo todo el derecho del mundo a ver cómo está. Cara abrió los ojos de golpe, con el corazón agitado, porque esa voz la conocía muy bien. Tampoco entendía el porqué había una persona afuera controlando las entradas y salidas de las personas que iban a verla. Ya que no era la primera vez que un alboroto la despertaba. —La señorita Wanke, tiene visitas restringidas —insistía la persona —Pues, me importa una mierda lo que usted diga, voy a pasar y punto. El recién llegado entró de igual forma a la habitación, se detuvo en seco al verla. —¡Oh, Dios! —exclamó dando un paso hacia ella—. Lo siento tanto, cariño. Soy un completo idiota, yo no sabía… —se inclinó un poco más para acariciar

