James aparta el plato de la cama y lo deja en la mesa. Se quita la camisa, la deja sobre el velador, corre las sábanas y se tira en la cama, como puede, adolorido e incomodo. Mientras tanto, Emma llega a la cocina a dejar su plato, donde Femke y Niek comen y platican en neerlandés. Al verla, ambos dirigen la vista hacia ella. —Gracias por la cena —dice Emma, acercándose con timidez. —Mañana podrás agradecerles a los abuelos; ellos ya están durmiendo —responde Niek volviendo la vista a su plato. —No seas grosero —lo regaña Femke, y luego se vuelve hacia Emma con una sonrisa amable—. No fue nada —dice—. Deja el plato en esa mesa y vuelve a la cama. Necesitas descansar, y puedes hacerlo tranquila; aquí nadie les hará daño. —Si no es mucho pedir, quisiera dormir por aquí —responde Emma co

