(11 años atrás)-PARTE I —Hola, Emma. La voz hizo que la muchacha se detuviera en seco sobre los escalones de servicio de la mansión Coleman. Al girarse encontró a Thomas Coleman apoyado contra una de las columnas de mármol. Llevaba la corbata floja, el saco desabotonado y una copa de whisky medio vacía en la mano. Sus mejillas estaban enrojecidas y la forma en que sonreía dejaba claro que había bebido más de la cuenta. Emma sintió un nudo en el estómago. —Buenas noches, joven Thomas. —¿Ya te vas? Ella asintió. —Solo vine a traerle unas cosas a mi madre. Thomas miró hacia el salón principal, de donde escapaban las luces, la música y las risas de los invitados. Aquella noche Elliot Coleman celebraba un importante acuerdo empresarial. La mansión estaba llena de políticos, empresario

