Ambos guardaron silencio durante el resto del recorrido hacia su nuevo destino. James fue el primero en saltar al pequeño embarcadero. O, al menos, esa era su intención. Apoyó el pie herido sobre la madera y apenas descargó el peso sobre la pierna, un dolor brutal le atravesó el muslo. —¡Mierda! La rodilla le falló y cayó pesadamente sobre el muelle. Soltó un quejido entre dientes antes de intentar incorporarse, olvidando por completo el pesado bolso táctico que había cargado durante toda la persecución y que ahora seguía dentro de la lancha. Emma lo observó, luego miró el bolso, después volvió a mirarlo a él y soltó un largo suspiro. —Definitivamente eres un genio. ¿Cómo se te ocurre bajar primero y dejar el bolso? James consiguió ponerse de pie apoyándose en uno de los postes del

