La noche era fría pero el fuego de las llamas que aún se avivan en la casa le regalaba a nuestros cuerpos desnudos el calor de una agradable fogata. El servicio de bomberos en la zona debía ser terriblemente malo, cuando dos incendios de esa magnitud habían quedado sin ningún tipo de respuesta. Luego de hacer el amor sobre la banca me quedé acurrucada sobre sus piernas, justo como habíamos terminado. Alan jugaba con mi cabello y yo solo seguía mirando el fuego. ― Me gustaba más cuando estaba largo ―me dijo llevándose un mechón hasta su nariz para olerlo. ― Pero ya te dije que a mí me gusta así ―le respondí con sequedad. ― Y yo te dije que no me importa. ― Pero a mí no me importa que a ti no te importe Alan se lo tomó en broma

