Capítulo seis

1282 Palabras
Mi cabeza no dejaba de dar vueltas, que quería ese tipo. Porque se acercaba a mí con tanta confianza como si nos conociéramos desde hace mucho tiempo. La realidad era que aunque la situación me asustaba como la mierda, al mismo tiempo la curiosidad me carcomía por dentro. Quería saber que pasaba, porque nos estaba siguiendo. ──Te invito a follar──. Dijo Darla sacándome de mis pensamientos. Las chicas me veían expectantes esperando que mi respuesta fuese positiva pero nada más alejado de la realidad. ── ¿Qué? ──Pregunte exaltada. ──claro que no, solo me dijo que nos veíamos en la fiesta──. ──Uy alguien tendrá diversión hoy──. Dijeron casi al mismo tiempo. No me llamaba la atención, bueno si pero no de esa forma, más que nada me intrigaba, pero no les diría eso a las chicas. El resto de la noche y todo el camino hacia la fiesta no deje de pensar en eso. ¿Qué me diría?, ¿Cuál sería su explicación para estarnos siguiendo? O más bien estarme siguiendo. Ya que al parecer su único objetivo era yo. La casa en la que se realizaba la fiesta era demasiado grande para pertenecer a un chico de su edad. Nada más entrar, nos percatamos que de seguro era una casa familiar. Había un pequeño espacio de juegos en el jardín principal. Rodeado de una cerca protectora, el camino de entrada de era hecho de piedra, perfectamente estructurado. La casa era gigante estilo renacentista, las paredes se veían antiguas como si de verdad hubiese sido construido en esa época o se hubiesen esmerado mucho por darle ese aspecto. El olor a humo, hierba y alcohol penetro por mi sistema apenas y me acerque a la puerta de entrada. No podía caminar sin rosar mi cuerpo con el de alguien más, de lo lleno que se encontraba, para este punto en cualquier otra situación les hubiese pedido a las chicas irnos, pero estaba muy interesada en encontrar a la sombra y sacar toda la información que tenía para darme. Teníamos dos horas en la maldita fiesta, y el muy idiota no se había dignado en parecer. Desde hace rato estaba bailando con un chico de nombre Albert, pero mi vista estaba ocupada buscando a Max. ──Buscas a alguien preciosa──. Susurro Albert en mi odio. Su aliento alcohólico estaba resultando un poco desagradable, aunque a leguas se notaba que no era lo único que estaba consumiendo, el olor a mariguana estaba impregnado en todas sus ropas. ──Sí, lo siento tengo que ir al tocador──. Dije soltándome de su agarre. ──Quieres que te acompañe y después buscamos un lugar más privado──. Dijo subiendo y bajando las cejas. ──No gracias, puedo encontrar el baño sola, mientras tú buscas un lugar privado… Con alguien más──. Conteste mientras él me veía con incredulidad. Me aleje del chico, buscando mi objetivo principal de esta noche, y no era precisamente encontrar un cuerpo ardiente con el cual desfogar pasión. Perdida entre la multitud, dure alrededor de una hora, ya estaba cansada y no había tenido la oportunidad de disfrutar plenamente de la fiesta. Me pare en el rincón más transitado esperando, que en algún momento de la noche se pasara por ahí, hasta que lo vi, estaba en uno de los sillones de la esquina, guindado a la figura de una chica rubia, que no perdía para nada el tiempo en disfrutar de la fibrosa figura de Max. Los estaba maldiciendo en mi mente, cuando volteo hacia mí, se me olvidaba que podía leer mi pensamiento. Aproveche ese instante para recordarle que teníamos un asunto pendiente. “Piensas tardar mucho, tenemos que hablar, te he estado buscando toda la noche.” “Nena si voy ahí no será solo para hablar.” “Deja de decir estupideces, para que me pediste que viniera si no querías hablar” “Sabes que olvídalo, no tengo tiempo para esto, sigue con lo tuyo” Molesta como nunca salí del lugar sin esperar a que contestara. No tenía ganas de tratar con él y menos si su lado carismático y lindo se había quedado guardado en no sé dónde. No me pareció tan idiota en la pelea, pero ahora ya me caía mal, todo su encanto se fue a la mierda. Camine hasta el jardín trasero, a los columpios que estaban más alejados mientras mis acompañantes decidían irse. Mis ánimos se esfumaron en un dos por tres, la inquietud que sentía por no saber que me diría Max no me dejaba en paz, pero ya no entraría a pedirle explicaciones, ni si quiera lo conocía. Estaba sentada, cuando mi vista recalo en una sombra, apenas iluminada por la luz de las estrellas, una figura alta 1.83 podría decir, estaba de espaldas, la podía apreciar, ancha de musculatura bien definida sin llegar a exagerar, tenía un jean azul que marcaba perfectamente los músculos de su trasero, acompañado por una camiseta roja a cuadros. Cabello rubio. La oscuridad que reinaba en el jardín aunado a la luz de los cosmos le daba un aire misterioso y sumamente sensual. Con solo verlo de espaldas, una corriente vertiginosa empezó a recorrer todo mi cuerpo, mi corazón empezó a latir más aceleradamente, como si una estampida de caballos salvajes hubiese sido liberada en él. Pedía a todos los astros que por favor volteara, si verlo de espaldas había causado esto en mi sistema no quería ni imaginar lo que causaría verlos de frente. ──Dason──. Se escuchó un grito desde la lejanía. El chico de la oscuridad volteo, y quede completamente perdida, sus labios gruesos color rosa suave, una nariz fina y respingada, acompañada de una sonrisa torcida hacia que unos perfectos hoyuelos se marcaran en sus pómulos. Pero nada comparado un sus ojos, desde el primer momento en que se conectaron con los míos estuve completamente perdida, su gris profundo me atrapó. La respiración me comenzó a fallar, mi vista se empezó a nublar, mis extremidades temblaban cual hojas empujadas por el viento, y un sudor ardiente recorría mi columna vertebral. Y cuando por primera vez nuestras miradas se encontraron, una corriente magnética atravesó todo mi cuerpo. Ya no me encontraba en la tierra, era como si mi cuerpo hubiese cambiado de plano, y todo lo veía desde una perspectiva diferente. Al igual que el de Dason, una chica se acercaba apresurada a él y sentí inmediatamente como mi sangre empezaba a arder, tenía a que evitar que se acercara a él. Una posesividad impropia de mí se apodero de todo mi cuerpo, no quería que nada ni nadie que no fuera yo lo tocaran. Volví la vista hacía mi cuerpo inerte en el suelo, me había desmayado. A lo lejos alcance a escuchar a la chica pedir ayuda, la cual acudió de inmediato, un chico que había vistos anteriormente en la cocina se acercó a mi cuerpo, toco mi rostro. ── ¡Rayos! está caliente──. Grito hacía sus acompañantes.- ── ¿alguien la conoce? ── Pregunto a todas las personas que no rodeaban. Acaso estaba muerta, a la distancia escuche la voz de Peter llamándome, mientras se acercaba a la multitud. Cuando vio mi cuerpo en el suelo, pude sentir toda su ira, creían que alguno de los presentes me había lastimado. ── ¿Qué le hiciste? ── Preguntó viendo al chico con la mandíbula apretada. ──Vienes con ella, está hirviendo en fiebre, así estaba cuando llegue──. Al responder le tembló la voz, creo que al igual que yo podía sentir el enojo de Peter fluyendo a raudales de él. Peter me tomo en sus brazos, sin esperar más. En ese momento retorne a mi cuerpo, como si su tacto me hubiese devuelto ahí, a donde pertenecía.
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