Su cuerpo se deslizó en el jacuzzi, no podía dejar de mirarlo, me acerque a él y pase mis manos por su pecho deteniendome en sus hombros, sus manos se pasaron por mi espalda hasta llegar a mis caderas, su tacto era tan delicado que no me causó un mínimo dolor, al contrario hizo que mi cuerpo se estremeciera. Mis labios buscaron los suyos comenzando con un movimiento lento, la suavidad de sus labios me gustaba, mi beso cada vez se volvió más demandante, movíamos nuestros labios a un ritmo demasiado candente, sus manos bajaron a mis caderas y me ayudaron a subirme sobre el. Sonreí y deje sus labios para besar su cuello haciéndolo gruñir, mis caderas comenzaron a moverse sobre su pelvis sin permitirle que entrará en mi, el simple roce de nuestras intimidades era candente. -Abby por dios- s

