Brisa. Gracias a Dios no he estado teniendo antojos, pero Martín si, me muero de risa cuando se levanta en medio de la noche a buscar algo que comer con tanto desespero que es como que si no come lo que quiere se muere. Cuando volvimos de la casa de mis papás nos mudamos juntos, no me hace gracia pero él tiene razón en intentar de convivir antes de que mi nena nazca, si... En la ecografía salió que es nena, estamos mas que felices por eso, aunque si hubiera sido nene también hubiera estado feliz. —¿Esta enojada o qué?. —agarro su mano poniéndola en mi panza así la siente, riendo se acomoda del otro lado de la cama donde Efra duerme en medio de los dos y besa mi tripa—. Tranquila hija, ¿Qué te pasa?. —Debe estar incómoda. —Ya falta poco mi vida... Aguanta un poco mas. —pega la oreja

