Randall apretó la cintura de Katherine. Lo que la mujer acababa de decirle era complejo, nada ordinario. Katherine era madre e hija primero que mujer, y decidir romper con la tradición de trabajar en el club, era como romper una pared gruesa. Randall no le imponía que trabajara para él, de hecho, no le importaba si lo hacía o no. Lo que al hombre le preocupó fue que decidiera después de esa noche, después de ver al cliente extraño. —¿Estás segura de que eso es lo que quieres? —le preguntó. —Lo estoy. Es una decisión importante y quería contártelo —le dijo moviendo los hombres—. Creo que es tiempo. No, no lo creo, sé que es tiempo. Necesito el dinero, pero ya no quiero bailar más. Randall desvió la mirada de sus ojos y frunció el ceño. Katherine le sujetó el mentón y la hizo mirarla. S

