Katherine se removió en la cama la penúltima mañana de soltería que tendría antes de la boda. Logan estaba despierto cuando ella abrió los ojos, y fue sorpresivo. Logan rio y alzó la sábana que caía en la cintura de Katherine. Ella bajó la mirada a su pecho, a las cicatrices que tenía. Logan le dijo que no quería eliminárselas. Le dijo que le gustaba verlas, porque era la manera en la que se sentía con vida. Las cicatrices solo eran marcas, y la persona que se las hizo le dio un empujón a una nueva vida. —He pensado que nos mudemos —dijo Logan. Katherine subió la sábana y metió los pies bajo ella. —¿A dónde? —Dicen que Vancouver es hermoso. Sería un nuevo comienzo. Katherine se mordió el labio y le tocó la barba. —¿Canadá? —preguntó ella. —Es hermoso en casi todas las épocas d

