Abbigail. — ¿De verdad tenemos que ir? — Pregunto, acostada sobre mi estomago mientras reviso perezosamente mis uñas. — Abbi — la voz de Kol es casi dura, casi —, sabes que no puedo faltar. Suspiro y dejo caer mi mejilla sobre la cama. Hoy la constructora está cumpliendo ochenta años desde que fue fundada por mi bisabuelo y será celebrado en un prestigioso hotel, para gusto de mi padre. La verdad no tengo ánimos de ir. Desde que empecé a trabajar en la fundación hace pocas semanas, cada noche me voy más cansada a dormir. También, más satisfecha y feliz, pero aun así cansada. Ir a una fiesta en donde tengo que verle la cara a mi padre, a la coqueta secretaria de mi novio y demás personas a las que tendré que sonreír falsamente, no está en mi lista de deseos para un sábado como hoy, en do

