Phil Heller
Debo decir que desde que esa chica apareció en la fiesta no dejó de intrigarme. ¿Quién demonios era? ¿Cómo había entrado ahí? ¿Cómo me conocía? ¿Cómo nadie parecía conocerla? Era profundamente misteriosa y sabía más de lo que debía, eso se lo concedo. No soy un hombre que se sorprenda fácil, no me gusta que me encuentren con la guardia baja, pero ella… esa mujer había logrado sorprenderme.
Se veía sencilla, tranquila. Cuando mi padre me dio el único y mejor consejo de negocios decía algo como “si algo sé de la vida, en negocios y en el mundo en que vivimos es que la persona más tranquila de la habitación es la que más control tiene, la que más secretos tiene y la que sabe como tener a todos bajos sus pies”. Ella me había hablado de tú a tú, sin miedo, sin impresionarse por mí, sin caer en todas las trampas que le lancé en nuestra breve comunicación.
Moni.
Era todo lo que me había dicho, la única información que saqué de ella en esa charla en el evento y cuando nos reunimos en el restaurante de Jack. Eso y que de seguro me viene siguiendo desde hace bastante tiempo, o hay cámaras plantadas en mi casa y oficina, porque no hay otra manera de como se enteró de mí y mis cosas. Pregunté a medio evento si sabían de ella y nadie sabía absolutamente nada, es más, parecía que nadie la había siquiera visto.
La describí como era: piel bronceada, cabellera negra y lustrosa, ojos oscuros y grandes, boca pintada en un color oscuro, rasgos casi exóticos y ese vestido que parecía que fuera tallado en la noche misma, cada curva me hacía soñar, quería pasar mi mano por cada lugar de su cuerpo y conocerlo como debería. ¿Cómo nadie vio a esa mujer intoxicante? ¿Cómo nadie parece reconocerla? Cuando coloqué mi mano en su cintura y su cadera casi me sentí en el cielo ¡Yo! ¡Un hombre que tiene cuanta mujer quiere! Debe ser eso que dicen, uno quiere lo que no tiene.
Por supuesto que grité a los cuatro vientos y despedí a un par de mi personal de seguridad. Revisaron de arriba a abajo todas mis propiedades. Ni una sola cámara, ningún aparato sospechoso… absolutamente nada. Era un misterio. Moni era un misterio. Tenía que tener los ojos bien abiertos, si ella podía dilucidarme así, entonces cualquiera lo haría. Aunque con los días que pasaban me di cuenta de que realmente era como un fantasma. Nada en red es sociales, nada en internet, nada por ningún lado. Era un completo enigma.
Claro que su promesa parecía real, me había dado información vital, ¡si hasta conocía a mis investigadores!, los cuales despedí, excepto el que ella mencionó. Es increíble como estoy rodeado de inútiles, y viene una belleza exótica y me da lo que necesitaba, gratis. Yo tenía mis propios planes con Warleggan, eso ella no lo sabía. Tenía mis propias cuentas que saldar, pero mi plan, mi objetivo, mi iniciativa, no estaba distante a la de ella.
Si es cierto que ella me intrigaba, muchísimo y por eso buscaba seguir con nuestro acuerdo. No sé que me provocaba ella además de curiosidad, deseo, desafío, diversión. Parecía ser una mujer como aún no conocí. Sabía de mujeres empresarias increíblemente fuertes y asertivas, otras las típicas que creen que la belleza lo es todo, jóvenes, mayores, inteligentes, decididas, pero Moni… era algo mucho más allá. De repente, me encontré deseando nuestros próximos encuentros, con muchas más ganas de las que debería admitir.
Pero cuando llegó al lugar esta noche, me doy cuenta que… claro, si sé algo más de ella, además de su nombre o supuesto nombre y de que sabe mucho de mí; reflexiono mientras entro al evento de empresarios de la ciudad y la veo con…Baptiste. Ella es novia de Baptiste. ¿En qué mundo una mujer así de interesante estaba con el tipo más aburrido del mundo? Dios, Baptiste Katz era un pintor con aires de grandeza, siempre riéndose, siempre aparentando que la pasa bien, que el mundo es maravilloso, que todo es felicidad, risas y alegrías mientras pinta sus tonterías.
¿Valen millones esas tonterías? Si ¿Me importan? En lo absoluto, podrían quemarse en el infierno por lo que a mi vale, pero era una buena forma de inversión. O al menos eso recomendaban mis asesores, a mí no me gustaba, yo prefería las propiedades, suelo, paredes, cosas tangibles, más que “Expresión 2” o “Primavera 1” ¿Qué clase de nombre idiota son esos para unas pinturas? Nombres idiotas de un hombre idiota.
Claro que ya dije que él siempre tenía esa expresión en su cara, de estar pasándosela bien… peor ahora creo que esa expresión le queda bien en su cara. Está ataviado con un esmoquin, cosa rara, es un hombre que debe detestar este tipo de cosas formales, y sonríe como el estúpido que es. A su lado tiene a una deidad misma: Moni luce un vestido oscuro con transparencias, encajes y pequeños adornos que la hacen parecer más una diosa de lo que ya es. Su cabello está recogido en un moño bajo, su expresión con su maquillaje se ve seria, misteriosa, muy sexy. No sé nada de lo que se hacen las mujeres, pero si, el resultado general es francamente delicioso.
Lo único malo de ella es su compañía. Dios mío, si antes me caía mal este pintor, artista, hippie de cuarta ahora me cae peor. Parece que tuviera las manos pegadas en ella como con pega ¡No la suelta ni por un segundo! No puede tomar, ni comer, ni hablar sin que él la esté tocando. Lo que más me molesta es que tiene esa expresión de felicidad de que ni él mismo se cree que vino con esa belleza. De vez en cuando lo veo mirando con alegría, donde su mano se apoya en ella, como le toma la mano, como su mano está en su cintura, en su espalda, como si el muy infeliz no pudiera creer su suerte. Créeme Baptiste, ni tú, ni yo, ni siquiera el resto lo logramos entender. Es un misterio. Algo raro debe haber ahí, es la única explicación. ¿Será que ella lo quiere por su dinero? Si es por eso estaría fácilmente conmigo, tengo más dinero que él, por lejos. No es eso… ¿Entonces qué es?
El pintor nunca le vi una mujer en este ni en ningún evento, por supuesto que iba a estar contento como si tuviera un Óscar, un Grammy, lo que sea. Ella me mira a la distancia, siempre de reojo, siempre cuando nadie la ve o su noviecito está mirando para otro lado. Me gusta la idea de que tengamos nuestra comunicación secreta. Y más me encanta la idea de que ella vino por sugerencia mía, es una chica que hace caso, que sabe lo que le conviene. ¿Venganza dice ella que vino a buscar? Ohhh si supieras Moni… podrías llevarte mucho más.
Le hago una pequeña seña y en segundos lo ha dejado en medio de conversaciones con otros empresarios, supongo que interesados en los garabatos estúpidos que hace. Ella viene a mí como si flotara en el suelo, hasta su caminar es delicioso, casi etéreo y a veces me pregunto si no hay algo sobrenatural en ella. Demonios, cada vez me gusta más y más… no debería ser así. Debería ser ella la que esté detrás de mí, la que me busca, la que se arrodille por mí.
“Veo que sigues mis recomendaciones… bienvenida a la élite de la ciudad Moni. Debo decir que luces… gloriosa” - le digo y ahora que la tengo cerca, gloriosa se queda corta. Ella me da una sonrisa sin mostrar los dientes.
“Siempre sigo las buenas recomendaciones”
“¿En serio? Pues te tengo la mejor recomendación…” - le digo acercándome más a ella. Estoy ubicado de forma tal que el simplón de Baptiste me vea. Obvio que quiero que me vea. Ve esto pintorcito.
“¿Ah, si?” - pregunta ella, algo de curiosidad en sus ojos. Me acerco más y le susurro al oído, colocando mis labios más cerca de su oreja de lo estrictamente necesario. Claro que todo es relativo, es estrictamente necesario para mí. Ella huele delicioso. Si estuviera conmigo la llenaría de los mejores perfumes… pero ninguno se equipara al de ella.
“Deja a ese hombre sin importancia… y vente conmigo” - le digo, su expresión no cambia, ni se inmuta. Si, la persona más tranquila de la habitación es la que tiene más poder. Nada la inmuta, nada teme, eso es poder. Me sigue sonriendo con esos labios pintados de oscuro.
“¿Y adónde iríamos?” - pregunta con esos ojos brillantes. Su respuesta me hace emocionar, aunque sé que no debo. Esto es solo un juego y ella parece saber jugarlo. Yo levanto mi mano y rozo con la punta de mis dedos, su brazo. Su piel es como la mejor seda.
“A donde tú quisieras. Di a donde. Lo que quieras lo tienes” - ella inclina la cabeza a un lado.
“Sabes lo que quiero…” - dice con una voz casi angelical. Yo asiento.
“Venganza… la reina solo quiere venganza”
“Y solo tú puedes ayudarme” - me dice de forma casi seductora. Casi. Sé que todo es parte de su trama, pero igual… me dejo llevar. Coloco una mano en la parte de su espalda y la llevo conmigo.
“Diré que eres mi asistente, ¿te parece?” - ella asiente y me sigue la corriente.
Por un par de horas hablamos con varios empresarios, ella solo escuchaba mis conversaciones y asentía, de cuando en cuando, hacía alguna pregunta, jugando a hacerse la tonta para que creyeran que no era una amenaza. Me molestaba tremendamente como la miraban, una combinación entre deseo, admiración y cierto desdén. Como si ella no estuviera al nivel de ellos. Debo confesar que así la vi la primera vez, pero ahora… ahora era diferente. Ella superaba mis expectativas cada vez más. Con mis toques sutiles, sonrisas y miradas hacia ella daba a entender que no era alguien con quien jugar. Ella parecía tomar notas mentales y rápidamente entendí que ella ya tenía en su cabeza idea de quienes eran estas personas ¡Que el diablo me lleve! Podría jurar que ya tiene oscuros secretos de cada uno.
¿Que pasaría si supiera los míos? Seguramente ya los sabe, son un mujeriego, despiadado, avaro, cruel empresario que solo le importa así mismo. Generalmente, no me daría vergüenza, es la forma en la que soy, me lo merezco, he trabajado mucho por tener lo que tengo, nada me fue dado fácil. Por eso odiaba particularmente a Warleggan que obtenía todo de su familia, que era estable y confiable, para luego dejar caer todo.
Algunas de mis características de personalidad podrían parecer hasta interesantes y positivas para la sociedad, el hombre que alcanza lo que se propone, el que consigue el éxito sin importar nada. Ese tipo de cosas, la gente ve el resultado final y no todo el trabajo y esfuerzo detrás. Y, sin embargo, quería impresionarla a ella. Mucho.
Por casi toda la velada la tuve cerca, le presenté más gente de la que debía y le conté detalles de cada uno, la llené de información y ella aprecia muy interesada. Muchos eran de los míos, mis aliados. Agradezco que no hayan venido los Maledetti, suelen ser un estorbo, llamando la atención, él con su porte de rey y esa chica joven que es su esposa… esa sí que sabía como acabar con alguien con un solo movimiento de sus pequeños dedos.
Pero la realidad es que además de ayudar a Moni, quería que ella estuviera conmigo. Me daba extremo placer ver a Baptiste nervioso, ojeándola, casi suplicándole con los ojos que se fuera con él. Perdedor. Aunque… no lo culpo. Su bella novia junto al empresario más importante de la ciudad, más atractivo, más viril, más interesante. ¿Qué es un pintor cualquiera comparado conmigo? Sin embargo, tenía la necesidad de medirnos porque…. Bueno soy así. ¿Qué se le va a hacer?
“Por cierto, tenemos cita en el estudio de los geógrafos. La semana que viene” - le digo y tengo toda su atención. Pues si en una negociación todo se trata de no mostrar las cartas de una sola vez, sino de una a una. Luego de ayudarla, ahora le tendría que tocar a ella, y tenía en mente perfectamente que quería. Obvio que la quería a ella, conmigo, preferiblemente en una cama, pero podría ser en cualquier otra parte… no soy tan exigente, y que ella me desee. Eso es vital, necesitaba eso más que cualquier cosa.
“Fantástico” - dice ella con esa sonrisa leonina. Yo la miro atentamente y coloco mis dedos en su collar, uno de piedras oscuras, enmarcando su precioso y fino cuello - “Supongo que esperas algo a cambio”
“Siempre tan certera y directa” - digo sonriendo - “Si, quiero algo a cambio, pero puede ser que sea algo complicado de obtener”
“Puedo probar” - dice ella con una voz tan baja y llena de promesas que me enloquece.
“Quiero que tu novio me venda un cuadro” - le digo firmemente. Ella se me queda observando, sorprendida pro primera vez.
“¿Algún cuadro en específico?”
“Cualquiera. Él hace años que no me vende uno. Me conformo con cualquiera de esas cosas que hace” - digo mientras tomo un sorbo de mi vino.
“Lo intentaré… puede llevar algo de tiempo. Él es… apegado a sus obras y estricto con sus ventas” - dice dudando de repente. Ummm parece realmente conocerlo
“Confío plenamente en ti” - digo colocando la punta de mis dedos en su pómulo, bajando por su barbilla - “Creo que puedes hacer eso y más… mucho más Moni… no sabes cuanto”