“Familiar de Diana Ximénez”, llamaron por el altavoz. Mario entró casi corriendo y se dirigió al interior. ―Era Dinka… ―comentó en voz baja el rey de los gitanos y le dolió comprobar que su examigo la había obligado a cambiarse el nombre y apellido. Poco rato después, Mario salió del interior de urgencias y miró a Vadim. Se acercó a él con decisión. ―¿Cómo está? ―preguntó el rey. ―Bien, la dejarán esta noche para controlarla, dormirá toda la noche. Yo me voy. ―¿Volverás mañana? ―No, me voy. Si Diana quiere volver a la casa, allí estaré, si no, si se va contigo, puede ir a buscar sus cosas cuando quiera. ―¿No vas a luchar por ella? ―No. ―¿No la amas? ―Eso no es de tu incumbencia. ―Si tú no quieres pelear por ella, la llevaré conmigo al campamento, de donde nunca debi

