-¡No quiero ir contigo!- golpeaba su enorme espalda. -¡Claro que sí! - me dio una fuerte nalgada.- ¡Esto es mío! - mordió uno de mis glúteos. -¡Me dolió! -¡Solo disfruta el viaje, mi amor! - entramos al jet y enseguida se elevó por el aire. -¡Déjame ir! - dije molesta. -No.- sonrió de lado. -¡Eres un imbécil! -Me gusta ese apodo ¿Así cómo me llamaras desde ahora? -¡Eres muy desesperante! - me deje caer en el sillón. -Pero aun así me amas. Ambos nos miramos con bastante felicidad, nuestras miradas lo decían todo y en verdad le agradecí que me haya encontrado, con eso me demostró que si me quiere de verdad. -Ven.- sujeto mi mano y me levanto de golpe.- Te mostrare algo. -¿Qué? -No seas impaciente. Una pequeña cama se encontraba al fondo del jet, tenía pétalos de rosas amarillas

