5.

1678 Palabras
- Chicos, pueden retirarse – dijo el alfa volviéndose a los gemelos. Ellos hicieron una inclinación y salieron del estudio. - Toma asiento – dijo Lily a Omar con una sonrisa. Él titubeó un instante, pero agradeció el gesto de la luna y al instante, Rosalynn dejó su lugar junto al alfa y se sentó a su lado. Lucio gruñó y ella le lanzó una mirada de reconvención. - ¿Cuál es tu nombre? – dijo el alfa con tono grave - ¿De dónde vienes? – - Él es Omar, papá – fue la joven quien respondió, pero tanto el alfa como el otro lobo la detuvieron con un gruñido. - No intervengas, hija – dijo Lily – Déjalo que se explique – Rosalynn iba a protestar, pero permaneció en silencio. El joven la miró, algo apenado por la situación, pero ella le ofreció una sonrisa y con un gesto lo alentó a hablar. - Mi nombre es Omar, alfa y vengo de la manada de Las Dunas – - ¿Omar? ¿Solo eso? – - Sí… sí, alfa – dijo titubeante – En la manada no usamos más que nuestros nombres – - Nunca había escuchado de esa manada. Debe estar muy lejos pues conozco todos los territorios de los alrededores. ¿Qué te trae aquí? - Omar cerró los ojos y tomó un poco de aire. - Honestamente, alfa, no sé cómo llegué hasta aquí… La mirada del alfa se endureció y pudo sentir tras él, a Lucio que se tensaba. - Omar, no soy tolerante con los lobos que se introducen en mi territorio sin autorización. Será mejor que seas honesto con nosotros o las cosas no acabarán bien para ti – - Pero, papá, el río lo trajo – intervino Rosalynn con voz ahogada, haciéndose hacia adelante. - Rosa, si no vas a permanecer en silencio, será mejor que te retires – dijo Lucio con tono seco – Este es un asunto de seguridad de la manada – Omar se volteó al lobo y gruñó. - No le hables así – dijo poniéndose de pie. - ¡Basta! – la voz del alfa los detuvo. - Lucio y Rosalynn, no intervengan más o ambos saldrán de aquí – dijo mirando a los jóvenes alternativamente – Omar, dinos exactamente cómo llegaste aquí o me temo que tendré que tomar medidas – - Yo lo haré, Alfa Ferro – dijo Omar volviéndose a Adrian y tomando asiento – Le diré lo que sucedió… Le contaré todo – Y así lo hizo. Le narró como fue sacado a la fuerza de su hogar, dejando atrás a su madre, para convertirse en guerrero de Las Dunas y como, tan solo unas semanas después, se convirtió en el guardia personal de la pareja del alfa – bajó el rostro y deseó con todo su corazón que no le pidieran detalles. Se sentía avergonzado y sobre todo, no quería que Rosalynn se enterara de la verdadera naturaleza de los servicios que ofrecía a Zaida. Habló de la interminable campaña del alfa contra las manadas más pequeñas y cómo fueron a su encuentro luego de una aparatosa derrota. Narró su conversación con Zaida. Su garganta se cerró cuando recordó como despertó y como, impulsado por una fuerza misteriosa llegó hasta la tienda del alfa. - Entonces eso es lo que eres – dijo Lucio desde su esquina, con los brazos cruzados en el pecho y tono agrio – Un traidor dispuesto a matar a su alfa – - ¡No! ¡No soy un traidor! – exclamó Omar con calor - ¡Yo no quería matarlo! ¡Yo jamás atentaría contra mi alfa! ¡Yo no quería hacerlo! – - Entonces, ¿la daga simplemente apareció en tu mano? – - Así fue… Es decir, no puedo explicar qué sucedió. Solo puedo decir que había una fuerza que me empujaba. Yo no tenía control de mi cuerpo. Mi lobo no respondía. Algo muy extraño sucedió esa noche y no puedo explicarlo… - - ¿Qué pasó luego? – intervino Luna Lily con rostro preocupado - ¿El alfa...? – - El alfa despertó, me vio ante él con la daga en la mano. Luchamos y alcancé a herirlo… entonces llegó Zaida y alertó a todos. Hui porque sabía que nadie creería en mi inocencia. … En ese momento, solo pensé en escapar. Llegué hasta el borde del acantilado y me lancé al río… Sinceramente, quería creer que era un sueño y que despertaría… Y desperté en unas cuevas y al salir de allí, me encontré en estas tierras… Se hizo un profundo silencio mientras todos los presentes asimilaban la historia que acaba de escuchar. Omar mantenía la mirada baja, temeroso de su destino. No tenía manera de probar su inocencia y traicionar a su alfa era lo más bajo que un lobo podía hacer. No notó que la puerta se había abierto y le sobresaltó la voz de Luna Lily, que decía a alguien a su espalda: - Egan, lleva a Omar al comedor y que Nana Aura le sirva desayuno. Debe estar hambriento – Levantó la mirada, sorprendido y se encontró con el rostro de la luna, que le sonreía. - Ve con él – dijo muy suave. Se volteó y uno de los gemelos, el de cabello largo aguardaba por él. - Gracias, Luna Lily – dijo con voz ahogada y miró un momento a Rosalynn. Ella le sonrió y le indicó que fuera. - Todo estará bien – susurró y él sintió un gran alivio. Todos lo miraron salir del estudio y en cuanto se cerró la puerta, Lucio dejó su sitio en el rincón y se acercó a su hermana. - ¿Qué crees que haces, Rosa? ¿Todo estará bien? – - Él es inocente, papá – dijo la joven ignorando al otro lobo – Él dice la verdad – miró a su hermano – Tú tienes que sentirlo también. ¿Por qué te comportas así? – - Rosa, puedo entender que tu naturaleza noble y dulce hace que pienses lo mejor de todos, pero sinceramente tu comportamiento es extraño – - ¿Lo es? – miró a su familia – No es nada extraño. Él no tenía intenciones de lastimarme. Su miedo y confusión es evidente en su mirada… Y si el río lo trajo hasta acá es por una razón… díselo, mamá – Lily exhaló un suspiro. - Estoy de acuerdo con Rosalynn. No siento ningún engaño en ese joven – se volvió a su hijo – Lucio, sé que tu instinto es proteger a tu hermana, pero aparta esos sentimientos y escucha tu espíritu… ¿qué te dice de Omar? – Lucio frunció el ceño y permaneció en silencio un momento. - Él parece inocente y honesto – dijo con dificultad – pero, si realmente fue una trampa, quiere decir que usaron magia negra en él y eso es peligroso… no sabemos si está bajo su influjo todavía o si la bruja tiene control de él – - No lo percibí – respondió Rosalynn, pensativa – Tal vez el río lo limpió… Pero si todavía quedaran restos de la magia negra, nosotros podríamos ayudarlo a liberarse – Adrian miró a Lily. - ¿Qué opinas? – - Siento pena por ese chico. Él no pidió ser un guerrero, ni pidió que esa humana se fijara en él… fue utilizado por otros que tenían sus propios intereses – Adrian permaneció pensativo un momento. Miró a Lucio. Usualmente, su primogénito podía leer a otros con absoluta claridad, pero su recelo le inquietaba. Luego de un momento en silencio que parecía demasiado largo, Rosalynn no pudo soportar más la espera. - Papá, no puedes simplemente expulsarlo del territorio y dejarlo a su suerte… No luego de todo lo que ha pasado en tan solo unas pocas horas… Está lejos de la tierra que conoce. No podemos juzgarlo por algo que no atestiguamos – - Sabes bien que no puedo acoger a cualquier lobo que aparezca en nuestra manada, Rosalynn – dijo Adrian suavizando el tono – Todos alegan inocencia cuando huyen, pero así como no podemos asegurar que lo hizo, no podemos asegurar que no lo hizo – - Lo hizo – intervino Lucio – Su mano sostenía la daga y él admitió que hirió el alfa. No puedo permitir que alguien así esté cerca de ti – - Pero no era su voluntad – Rosalynn se volteó a mirar al joven – En unos meses despertará mi loba, así que ya es hora de que dejes ese juego del hermano mayor rudo y celoso. Ya no te sienta bien – El lobo no respondió, pero su rostro se tensó y sus ojos se oscurecieron. - Lucio… lo siento – dijo rápidamente y fue con su hermano. Él trató de apartarla, pero ella lo rodeó por la cintura – No debí decir eso. Sé que te preocupas por la manada y por mí – le tomó suavemente del rostro y e hizo que posara sus ojos en ella – Por favor, no cierres tu corazón por tus celos de hermano mayor – El joven sonrió y abrazó a su hermana. La relación entre ambos era muy estrecha. A pesar de que él era un niño de apenas tres años cuando Rosalynn nació, desde el primer instante que su madre le mostró a su hermanita, asumió esa actitud protectora y celosa que solo aumentó a medida que crecían. Lucio tenía un temperamento suave y muy llevadero. Era sensible y conciliador y Rosalynn era tan dulce y noble como él, así que se entendían muy bien. Sin embargo, a medida que ella crecía y se volvía en una hermosa joven, resentía la excesiva protección de su hermano. - Será papá quien decida – dijo lentamente – Pero te advierto que si ese lobo se queda en la manada, será mejor que no intente ninguna tontería o no atenderé a tus ruegos – - Sé que así será, futuro alfa – respondió la joven con una sonrisa.
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