Narra Meisy La brisa de verano me hacía cosquillas en los brazos desnudos mientras caminaba entre los árboles centenarios del brazo de Mark. Las luces de hadas titilaban mientras nos acercábamos al claro donde las personas que amaba me esperaban. —¿Estás nerviosa? —preguntó Mark mientras el triste sonido de un violín llenaba la velada con su voz. Sentí un vuelco en el estómago y unas burbujas brotaron de mi interior. No eran nervios, sino emoción. Carlos apareció a la vista mientras seguíamos el rastro; su sonrisa era como un imán que me atraía hacia él. —No, no estoy nerviosa. Esta vez no. Estoy muy feliz, Mark. Me apretó los brazos con ternura mientras me acompañaba hasta mi marido. Cada pequeño detalle eclipsó nuestra primera boda, reemplazando los recuerdos de miedo y tristeza po
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