Ale apretó los puños, el corazón casi se le sale, pasó saliva varias veces para no llorar. Miró a Alan con tanto amor y agradecimiento. El silencio que siguió fue pesado, todos miraban desconcertados, Ale sintió tantas emociones al escuchar como la defendía, quería sonreír, pero se contuvo. El papá de Ale gruñó y retrocedió molesto, se quedó sin palabras. Alan la volvió a proteger con su cuerpo. —Esto no va a arreglar nada —dijo Alan, en voz baja—. Ya no podemos arreglar las cosas, solo queda enfrentarlas y eso hacemos. El grito de la madre de Ale rompió el pesado silencio. —¡Alexia! ¡No puedo creerlo! ¡No te educamos así! Eres tan egoísta, tanto como para traicionar a tu propia hermana, tu novio, que vergüenza. ¿Qué karma estamos pagando contigo? No pareces hija nuestra —se le cort

