Antes de abrazarme con fuerza sonrió. Me dijo que esa misma semana planeaba viajar a España para hablar con su tía. Él mismo quería contarle lo que estaba pasando, antes de que la tormenta se desatara. Luego teníamos que hablar con Vanessa y mi familia. Con suavidad acarició mi mejilla. —Te has quedado muy callada. Aspiré profundamente. —Tu familia me va a odiar... y la mía también —solté una risita amarga. —Yo también soy culpable. —La estúpida sociedad me va a señalar a mí, voy a llevar la peor parte —dije, mirándolo fijamente a los ojos—. Soy consciente de eso. Aún así, estoy dispuesta a defender lo que siento por ti hasta el final. Soy una pecadora y estoy lista para enfrentar las consecuencias. —Mi Sirena, eso es lo que más me duele… Pero estoy dispuesto a enfrentar las consecue

