—Tormenta, así se llama el trago. Me miró con malicia, ya lo había adivinado. Le di un sorbo, vaya que era fuerte, me estremecí. —Me echaron de la casa —solté. —¿Y tienes dónde quedarte? —Sonrió con empatía. —No lo sé, tal vez donde mi hermana —solté una carcajada sonora y me tomé el contenido de la copa en un solo trago. —Me encanta tu sentido del humor —me guiñó un ojo—. Tú y yo hubiéramos hecho una excelente pareja, no entiendo por qué te gusta lo complicado y no te enamoraste de mí. Sonrió con malicia. —Lo mismo podría decirte, pero nos gusta complicarnos la vida. Soltamos una risita. —¿Qué se siente? —inquirió—, ver arder al mundo. Aspiré. —Al principio miedo, pero una vez estás en el fuego te das cuenta que no hay vuelta atrás. Me quemé un poco… Señalé mi rostro y mi

